Más allá de la edición y la efectiva técnica de cámara siempre al hombro, apenas hay aspectos adicionales que resaltar en este filme. Sus características indican que, al igual que un video de TikTok, pronto se volverá obsoleto y descartable.
La película explota en todo su potencial, convirtiéndose en una celebración no solo al cine, sino al compromiso de hacerlo, de conseguir la mejor toma, de resolver lo mejor posible el siempre complicado proceso de hacer una película.
Se trata de una comedia negra delirante, repleta de sangre y violencia, que construye meticulosamente los momentos más divertidos, casi siempre contrastando las intenciones de sus personajes.
Adriana Barraza es el pilar de esta cinta. Su actuación es apabullante por lo exacto en la construcción del personaje. Ernesto Contreras entrega una cálida feel good movie sin caer en excesos sentimentaloides.
Un ejercicio de cinematografía absolutamente fino. El manejo exacto del lenguaje cinematográfico con el firme propósito de molestar a quién se deje. Una maravilla.
Con instantes de humor, resulta en una pieza interesante sobre mujeres que se perdonan, que se reencuentran, que no se dejan vencer ni por la enfermedad ni por la tristeza.
Una serie que mediante un drama equilibrado y muy bien actuado, muestra cómo los doctores de los hospitales públicos se desviven por hacer su trabajo, cuestionando siempre las malas condiciones laborales y la presión a la que están sometidos.
Se trata de una película de buena manufactura y buen ritmo. Una B movie con presupuesto que hace un uso inteligente de sus propios clichés, buscando siempre emocionar sin atentar contra la inteligencia del respetable.
Con uno que otro momento bien logrado, lo más destacable es la participación de Luis Felipe Tovar, quien con apenas un cameo (como un inteligente ladrón), se roba la película. Su personaje bien vale un spin off. Yo lo vería.
Mientras Tom Hardy se divierte, nosotros como público debemos soportar 97 minutos de este desconcertante contenido y escenas de acción confusas, en una de las películas de superhéroes más decepcionantes que he visto.
Aunque el director demuestra habilidad en el montaje, el guionista, el mismo Blakeson, cae en la condescendencia y muestra un excesivo afecto por su despreciable protagonista. La película merecía una dirección más adecuada.
Cumple con su objetivo de provocar enojo en sus espectadores, aunque le falta colmillo y determinación para hacer una crítica contundente sobre la actual sociedad estadounidense.