Inicia como una crítica a la América profunda, pero, temeroso de no poder sostener la apuesta, el director retrocede y transforma la narrativa en un relato de reconciliación social, sugiriendo que es posible dialogar con los racistas.
Todo un estudio de personaje meticuloso e íntimo. Dos fuerzas de la naturaleza se unen en esta cinta: la actuación al extremo de la carne de Isabelle Huppert con la dirección siempre al servicio de la lasciva del perverso Verhoeven.
Retrata con fidelidad la tensión adolescente de la primera vez que se tiene sexo. Tara (estupenda Mia McKenna-Bruce) finge pasarlo bien cuando en realidad muere de miedo. Retratar con gran precisión esa ambivalencia es el gran triunfo de esta película.
Se trata pues de una comedia ligera pero absolutamente disfrutable. Y es que es notorio que la propia familia Sandler se lo pasó genial haciendo esta película.
Es una película que se presenta como una comedia adolescente de excesos, pero al llegar al sorprendente final, nos damos cuenta de que en realidad estábamos ante una historia mil veces más interesante e inteligente.
Resulta sorprendente que una cinta como Dear Evan Hansen haya escapado de la guillotina de la cancelación. A pesar de su perversa mitomanía, Evan Hensen es tratado con toda ternura por el guion.
Es tan vacía como largo es su título: no es una investigación periodística, no es un documental, y sus personajes (ficticios o no) están lejos de reflejar o decir algo interesante sobre la adolescencia y la depresión.
El híbrido resultante es conmovedor y divertido, de una frescura impresionante de los personajes a cuadro, mismos que nunca rompen la cuarta pared ni tampoco pierden naturalidad. Todo un triunfo del cineasta, sus fotógrafos y de las dos chicas.
Se trata de una cinta que retrata de una forma cruda el dolor que causa cuando un familiar cae en las garras del fanatismo religioso. Algo de la humanidad se pierde cuando todas las acciones están supeditadas por el extremismo religioso. Una auténtica historia de terror.
La calidez está a cargo de una Geraldine Viswanathan, que con toda solvencia carga sobre sus hombros el peso total de la película y con ello demuestra el gran rango que tiene como actriz.
El dulce autoengaño de 'Sing Street' es simple y bien montado. Una película que es imposible tomar en serio, chantajista por momentos y completamente deshonesta.
Dura pero enternecedora historia sobre la pérdida, el perdón y la aceptación. Un pedazo de plastilina fue, en 2017, más expresivo y conmovedor que cualquier actuación que hayamos visto en el año.
La película es un buen divertimento de fin de semana, un palomazo que se deja ver por lo inusual de su trama y por lo bien logrado de la tensión inicial.