Es evidente que hay una película excepcional por realizar en este tema, pero este documental no es el indicado. Ya sea por falta de comprensión o de capacidad, opta por explorar el morbo y, en consecuencia, se queda en el ámbito del cine de mala calidad.
Inicia como una crítica a la América profunda, pero, temeroso de no poder sostener la apuesta, el director retrocede y transforma la narrativa en un relato de reconciliación social, sugiriendo que es posible dialogar con los racistas.
Todo un estudio de personaje meticuloso e íntimo. Dos fuerzas de la naturaleza se unen en esta cinta: la actuación al extremo de la carne de Isabelle Huppert con la dirección siempre al servicio de la lasciva del perverso Verhoeven.
Lo que engancha en esta cinta son las actuaciones, naturales, con diálogos bien escritos y mejor actuados, así como una edición novedosa. A pesar de su abrupto final, la cinta destaca.
El mayor mérito de la cinta probablemente sea ese: crear empatía y conversación sobre la ansiedad, las personas que la sufren y visibilizar el proceso interno que viven.
Retrata con fidelidad la tensión adolescente de la primera vez que se tiene sexo. Tara (estupenda Mia McKenna-Bruce) finge pasarlo bien cuando en realidad muere de miedo. Retratar con gran precisión esa ambivalencia es el gran triunfo de esta película.
Se trata de una película sorprendentemente divertida, con un tándem cómico inesperadamente eficaz, que funciona por los diálogos, por las buenas actuaciones, por el ritmo cómico, (...) proyecta una honestidad que no es común en las comedias de hoy en día.
Se trata pues de una comedia ligera pero absolutamente disfrutable. Y es que es notorio que la propia familia Sandler se lo pasó genial haciendo esta película.
Con esta, su opera prima, Emmanuelle Nicot trata un tema sumamente escabroso de una forma profundamente honesta, delicada, sin lances de explotación o revictimización, pero tampoco sin temor a provocar incomodidad en el espectador.
Es una película que se presenta como una comedia adolescente de excesos, pero al llegar al sorprendente final, nos damos cuenta de que en realidad estábamos ante una historia mil veces más interesante e inteligente.
El resultado es sorprendente. Podrán no ser asiduos al género musical (yo mismo no lo soy), pero sería necio regatear a Spielberg el brío, la atmósfera y el encanto visual de esta película.
Después de tantos meses sin salir de casa por temor al virus, ver 'Sweet Tooth' resulta ser una excelente opción. La serie ofrece un abrazo tierno, fundamentado en conceptos de tolerancia, solidaridad y empatía.
Es la cinta más feliz y optimista de Paul Thomas Anderson, una que mediante su aparente sencillez revela una alegría intoxicante y una maestría absoluta. Uno quisiera que la película no acabara nunca.