El drama íntimo ofrecía una gran oportunidad para abordar esos problemas, sin embargo, se ve opacado por una avalancha de violencia excesiva que parece intentar ocultar la carencia de contenido.
En ciertos momentos la trama resulta repetitiva, sin embargo, en otras ocasiones su frescura y sutil ironía consiguen elevarla. Estos logros suelen estar ligados al talento de los comediantes Camila Toker y Santiago Giralt.
El filme destaca gracias a la brillante actuación de Valerie Bruni-Tedeschi, presentando una narrativa que mantiene el interés del espectador mediante revelaciones progresivas. Las mentiras y frustraciones de los personajes son fundamentales para la historia.
El destacado trabajo fotográfico de Georgina Pretto intensifica el ambiente inquietante de esta película, que seguramente resonará más entre los seguidores de un género con una rica historia, aunque en Argentina cuenta con un pequeño pero leal grupo de aficionados.
Esta obra opta por plantear más preguntas que respuestas, presentando diversas líneas de debate sobre el difícil tema que aborda y permitiendo que cada espectador forme sus propias conclusiones.
Brizé evita los clichés y la seriedad típica de las películas de época, desarticulando la obra de Maupassant a través de una secuencia de brillantes flashbacks.
La película toma un giro hacia elementos sobrenaturales, explorando este terreno audazmente. Este cambio genera ciertas inquietudes, pero enriquece la narrativa, otorgándole una libertad y expansión que le faltaba en la primera mitad.
El resultado está lleno de altibajos. Se nota que Hernández tiene un gran dominio en la dirección. Logra brindar dos performances impactantes. Sin embargo, las complejidades del guion resultan ser poco efectivas y carecen de sustancia.
Todas las decisiones de la puesta en escena crean una tensión constante. Sin embargo, la película pierde parte de su impacto debido a ciertos esquematismos en el guión.
Al ser una película de bajo presupuesto, Frédéric Jardin tuvo que ser ingenioso ante la falta de recursos. Sin embargo, logró afrontar esa dificultad de manera efectiva.
El veterano director británico logra un impacto significativo con esta película que revela las tácticas del capitalismo para justificar el menosprecio hacia los derechos fundamentales de la clase trabajadora.
Un relato sobrio que se convierte en tempestad. La ópera prima de Emiliano Torres retrata la vida en un entorno inhóspito y hostil, destacando el excelente desempeño de Pablo Cedrón y Adrián Fondari.
La austeridad en la puesta en escena crea un ambiente perfecto para una serie de relatos que, en ciertos momentos, resultan creíbles, mientras que en otros se perciben completamente falsos.