Esta obra opta por plantear más preguntas que respuestas, presentando diversas líneas de debate sobre el difícil tema que aborda y permitiendo que cada espectador forme sus propias conclusiones.
Brizé evita los clichés y la seriedad típica de las películas de época, desarticulando la obra de Maupassant a través de una secuencia de brillantes flashbacks.
La película toma un giro hacia elementos sobrenaturales, explorando este terreno audazmente. Este cambio genera ciertas inquietudes, pero enriquece la narrativa, otorgándole una libertad y expansión que le faltaba en la primera mitad.
El resultado está lleno de altibajos. Se nota que Hernández tiene un gran dominio en la dirección. Logra brindar dos performances impactantes. Sin embargo, las complejidades del guion resultan ser poco efectivas y carecen de sustancia.
Todas las decisiones de la puesta en escena crean una tensión constante. Sin embargo, la película pierde parte de su impacto debido a ciertos esquematismos en el guión.
Al ser una película de bajo presupuesto, Frédéric Jardin tuvo que ser ingenioso ante la falta de recursos. Sin embargo, logró afrontar esa dificultad de manera efectiva.
El veterano director británico logra un impacto significativo con esta película que revela las tácticas del capitalismo para justificar el menosprecio hacia los derechos fundamentales de la clase trabajadora.
Un relato sobrio que se convierte en tempestad. La ópera prima de Emiliano Torres retrata la vida en un entorno inhóspito y hostil, destacando el excelente desempeño de Pablo Cedrón y Adrián Fondari.
La austeridad en la puesta en escena crea un ambiente perfecto para una serie de relatos que, en ciertos momentos, resultan creíbles, mientras que en otros se perciben completamente falsos.
La importancia de la historia radica más en su simbolismo que en la verosimilitud. A pesar de las licencias creativas que toma, el mensaje subyacente es lo que realmente destaca.
Ceylan demuestra una gran seguridad al alargar la duración de cada plano y se mantiene a una distancia estratégica de los rostros de los personajes, evitando así los subrayados.
El film, aunque apoya las virtudes del cine clásico, resulta sensiblero y predecible, utilizando recursos narrativos desgastados. Esto sugiere una visión del cine que, en lugar de ser innovadora, sigue los patrones más convencionales.
Los directores de la película emplean una variedad de recursos que generan un resultado diverso y complejo, lo que dificulta su encasillado en categorías generales, aunque resulta específico en sus implicaciones sociológicas y políticas.
Sólida ópera prima. Cuando todo parece encaminarse hacia el relato realista, la película da un giro interesante e incorpora un ambiente de suspenso y ensueño que la elevan de manera notable.