Aunque puede resultar un tanto elitista para los espectadores más tradicionales, es una gran muestra del "cine dentro del cine". Su estreno comercial, aunque tardío resulta gratificante.
Este drama de época sutil, narrado con estilo, se sostiene sobre todo por la tremenda y conmovedora labor interpretativa de Saoirse Ronan. Una composición que se hace fuerte en las palabras pero también en las miradas.
La trama puede sonar previsible, y el nivel de tensión nunca logra explotar. Pero los diálogos están muy bien construidos, combinando fuerza dramática con algunos pasos de comedia, los justos para descomprimir.
No se trata de una película complaciente, ni de un personaje tallado en bronce, esta Jackie es humana, sufre, está desgarrada y nosotros podemos sentir y compartir ese dolor. Por eso, la película funciona y toca las fibras más íntimas de los espectadores.
Helgeland intenta homenajear a Martín Scorsese, aunque no logra alcanzar los niveles dramáticos y las atmósferas de las películas del maestro de 'Buenos Muchachos'. Si no fuera por la versatilidad de Hardy, esta producción pasaría desapercibida como una más del género mafioso.
Sin subir a un pedestal al asesino, la película tampoco juzga ni toma posición, simplemente nos sumerge en la mente de un psicópata, tan peligroso como atractivo. La seducción del mal en su máxima expresión.
Un filme en el que hay espacio para el drama, la tensión y hasta la acción. La película mantiene al espectador al borde de la butaca, y además lo pasea por diferentes sensaciones y sentimientos.
Bien actuada, excelentemente rodada, es una experiencia fílmica destinada a generar pesadillas, para espectadores valientes. Un nuevo opus del mejor cine de horror.
Sebastian Borensztein presenta su obra más madura y audaz, un western tradicional en el que no existen héroes ni personajes completamente buenos, solo algunos que son menos malignos que sus adversarios. Este enfoque es lo que potencia la actuación de Ricardo Darín.
Estamos sin dudas frente a una producción osada y original, arriesgada y hasta seminal, una pieza fílmica difícil de encontrar en las salas comerciales, una apuesta por la calidad y las emociones que no puede dejar a nadie indiferente.
Aunque la película dura dos horas, parece que hay mucho más por contar y su desenlace se siente abrupto. 'El Potro' se aprecia mejor si se conoce la historia del personaje retratado.
Conmovedora, pero sin caer en los golpes bajos, estamos ante uno de los filmes musicales más logrados de la cinematografía vernácula. Un filme sólido, que llega al corazón.