Aina Clotet y Mar Coll demuestran con una divertida serie que educar a los hijos sin seguir el ejemplo de nuestros padres resulta más complicado que entender cómo ensamblar un mueble de Ikea.
La trama centrada en los personajes chinos resulta un tanto confusa, y a pesar de que el actor principal, Bernat Quintana, carece de carisma, logra mantener al espectador en suspense.
Gutiérrez no persigue el asombro, sino que se pega íntimamente a la piel de sus amados soldados, de una forma naturalista y poco enfática, dejando que fluyan sus diálogos y acciones de una manera auténtica, cercana y realista.
Este cineasta ha optado por un enfoque frío, sereno y elegante, lo que marca una narrativa que se desarrolla principalmente en una imponente vivienda con grandes ventanales.
Una película digna, ágil y entretenida que se convierte en un film eficaz de denuncia, además de ser un homenaje al valor de la amistad y la sororidad.
El segundo y estimulante largometraje de Cecilia Atán y Valeria Pivato se suma a la liga de títulos que cuestionan con vigor y riesgo esa felicidad intocable que parecía acarrear el hecho de ser madre.
Marta Nieto realiza su debut como directora en un emotivo y conmovedor largometraje, donde también interpreta el papel principal, explorando las complejidades emocionales de una madre de un niño trans.
Una conmovedora historia protagonizada por Laia Costa, Susi Sánchez y Ramón Barea, donde los dos últimos interpretan personajes llenos de secretos y mentiras que, inevitablemente, saldrán a la luz.
Juanma Bajo Ulloa vuelve a mostrar su capacidad para desafiar las convenciones con este audaz relato oscuro, que carece de diálogos y que genera reacciones extremas: es aclamado por algunos y rechazado por otros.
Tres capítulos le sirven a Fèlix Colomer para mostrar el lado más humano, luchador, luminoso y esperanzador de algo tan demoledor y cruel como la pandemia del Covid-19.
Es tan ágil como una novela del protagonista. Imposible no sucumbir tanto a la personalidad de ese trabajador hiperactivo y nocturno como a la descripción de un momento convulso y difícil de la historia reciente de su país.
Sumerge al espectador en un sucio y tenebroso submundo. La agresividad, la rabia y la sangre se respiran, casi se huelen. Una trama que, en su desarrollo, resulta confusa y atropellada.
Paula Ortiz vuelve a interpretar el clásico del cine español que dirigió Fernando Fernán Gómez en 1977. Aunque la producción tiene un acabado visual más refinado, la narrativa se siente algo menos atractiva.