Una combinación irregular de redes sociales, metraje encontrado y presión social. Logra generar algunos momentos de miedo a pesar de su narrativa poco intrigante.
Es una película que puede interesarte si disfrutas del terror hillbilly o si te gusta coleccionar clichés del género. Si no es así, es mejor pasar de largo.
Se sitúa en un punto intermedio entre lo perturbador y lo convencional, pero presenta una de las escenas de terror autoinfligido más impactantes que he presenciado en el cine actual.
Gustosamente me pasaría todo un día observando estas vidas tan ricas. No hay una trama definida, pero los hilos sueltos se conectan al final de una manera que resulta satisfactoria y emotiva.
La dirección de Alderson no transmite creatividad alguna, lo que impacta negativamente en el resultado final. La banda sonora resulta igualmente poco memorable, dejando una sensación de decepción al finalizar la obra.