Atractiva, empapada de un humor sutil y auténticamente emotiva, “Crystal…” es una película que no se parece a ninguna otra; delirante y simple; contundente pero nada pretenciosa.
La cámara sigue a Victoria constantemente, quien, como una flor sin raíces, se deja llevar por el viento y las circunstancias. Actúa sin reflexionar ni considerar las consecuencias, guiada por impulsos confusos, revelando una candidez nacida de su intensa soledad.
Se mueve entre lo delirante y el grotesco, siendo menos evidentemente cómica que los anteriores trabajos de López. Sin embargo, logra provocar risas con personajes secundarios memorables y situaciones inusuales.
La mejor parte de esta comedia está en el comienzo. Lo que sigue es ese tipo de correrías un tanto forzadas e inverosímiles, que incluso resultan algo agotadoras.
Es una de esas películas que uno se alegra de descubrir en la televisión durante una aburrida y fría tarde de domingo. Hasta podría considerarla para disfrutar en su cine favorito, esperando encontrar algo auténtico en la pantalla.
Olguín y su equipo lograron capturar sus leyendas y presentarlas con la riqueza lingüística del cine. Crearon un guión atractivo, con imágenes vibrantes y una atmósfera congruente que enriquece la narrativa.
El guión presenta algunas debilidades y giros que se sienten forzados. Sin embargo, la elegancia y sobriedad con la que se narra la historia logran suavizar y, en ocasiones, evitar los elementos melodramáticos típicos de muchas superproducciones.
Durante dos intensas horas, la trama se entrelaza de manera intrigante, manteniendo al espectador en un constante estado de desconfianza. Cada personaje parece tener motivos ocultos y resulta difícil determinar en quién se puede realmente confiar.
Un thriller emocionante y cargado de tensión, que destaca por su impresionante estética. A través de elecciones dramáticas, el director Yeon Sang-ho nos ofrece una profunda reflexión social, centrada en dramas familiares y personajes con los que todos podemos identificarnos.
Haneke no se deja llevar por los sentimientos ni intenta impresionar. Su enfoque es directo, manteniendo al espectador en el amplio departamento con la pareja de ancianos, y deja una profunda reflexión en el espectador.
La película cuenta con un guión sólido, momentos divertidos y personajes entrañables. Es una experiencia cinematográfica amena que se disfruta de principio a fin.
La película tenía el potencial de ser una divertida comedia, gracias a sus interesantes personajes secundarios, un elenco atractivo, decorados agradables y una banda sonora efectiva. Sin embargo, se nota que el guion no se completó adecuadamente, lo que afectó la dirección y la narrativa.
El lenguaje de Guzzoni es claro y contundente, transmitiendo una sensación de dureza y frialdad a través de su paleta de colores y la ausencia de música. Este relato se caracteriza por su sobriedad y contención, destilando una profunda amargura y desesperanza.
"Tribunal" combina elementos de drama y comedia en un potente llamado a la justicia que resuena profundamente en los corazones de personas de todas partes del mundo.
Pocas películas logran ser tan incisivas y crudas al retratar el angustiante callejón sin salida al que se enfrenta un ser humano, desmantelando así los cimientos sobre los que ha edificado su vida.