La cinta augura un futuro promisorio a su director y consolida un sólido repunte para el cine colombiano, el cual nos ha entregado en este año que termina.
Puede que peque de ser poco original y de empezar a sentirse repetitiva. Pero gracias a la química lograda entre Patrick Wilson y Vera Farmiga, los espectadores quedamos esperando por más.
Esta encantadora combinación entre retrato familiar y denuncia socioeconómica logra cautivar gracias al maravilloso trabajo de su elenco, a una dirección de arte espléndida y al talento de Viel.
Posee los mismos defectos y cualidades de la entrega original, pero sigue siendo una muy buena versión de un poderoso personaje femenino que se niega a morir.
La cinta confirma el talento de Ruizpalacios, un autor lleno de imaginación. Y celebra la capacidad interpretativa de Gael García Bernal, lo que da como resultado unos trabajos de excelente calidad como este.
Las razones principales que hacen que El despertar de las bestias sea un producto soportable están en su relativa corta duración, en su autoconsciencia y en entregarnos unos personajes que son realmente interesantes.
Kristen Stewart realiza un notable esfuerzo al intentar emular y, al mismo tiempo, añadir una profunda dimensión emocional al icónico personaje que interpreta, en un drama psicológico que resulta claustrofóbico y, en ciertos momentos, aterrador.
Si un director más arriesgado y estilizado hubiera tomado las riendas del proyecto, probablemente el resultado habría sido una película superior. No obstante, sigue siendo entretenida, con momentos de gran suspenso y sólidas interpretaciones.
La película logra destacar gracias a que Janiak supera las debilidades del primer acto, ofreciendo un slasher sangriento, entretenido y con momentos verdaderamente aterradores.
A pesar de que las situaciones se descontrolan para Howard debido a los momentos perdidos al optar por el camino del melodrama emotivo, la película brilla gracias a las actuaciones de dos destacadas actrices. Adams y Close son el corazón de esta producción.
Es una obra poderosa, destacando la excelente actuación de Khoudri, así como un trabajo de edición y fotografía impresionantes, llenos de belleza y vitalidad.