Linklater vuelve a destacar como un maestro en la creación de diálogos, que en esta ocasión se convierten en herramientas de confrontación y también permiten comprender la disyuntiva que ha acompañado a la saga desde sus inicios.
Cada historia se aproxima de distintas maneras al horror, acogiendo lo sobrenatural pero también el costado siniestro de los humanos. Ciertamente no son obras maestras.
Demuestra que, jugando con los mismos ingredientes de siempre, se puede hacer algo distinto. Y también que la independencia pareciera ser la respuesta a los grandes vicios de la industria.
Una reivindicación de la simpleza y la honestidad versus la aparatosa histeria que reina en el mundo gourmet. Es como si Favreau estuviese retratando su distanciamiento de las grandes parafernalias de la industria.
Una colección de lugares comunes y soluciones esperadas, siempre en torno a una dupla de protagonistas marcados por el cliché. La comedia se apoya en una fórmula mil veces utilizada y carece de elementos innovadores.
Mitre apuesta por una película de diálogos e intrigas, construida con un buen lenguaje cinematográfico —entre las tomas generales de las masas y primeros planos intimistas—; un guión hábil y dinámico.
Si al filme le sobra actitud, queda en deuda su eficacia en el siempre complejo arte de provocar miedo. Puede ser vista como una humorada, un ejercicio de género que no se toma muy en serio, una sátira criolla.
No es la película revelación que cambiará el rumbo del género, pero se agradece la novedad y el ingenio, elementos que ciertamente aquí juegan a favor del espectáculo.
Pese a las obviedades —y a una seguidillas de lugares comunes propios de este tipo de comedias—, 'Sin hijos' tiene un puñado de buenos momentos, un ágil ritmo narrativo y un reparto inmejorable.
El director explora la subversión de roles mediante gags en la intimidad, observaciones de tipo "sociológico" al estilo Apatow y chistes que no siempre logran dar en el blanco. Esto la convierte en una de las comedias más inconsistentes del cineasta estadounidense.
Reeves brilla en su papel y la comedia es efectiva, sobre todo en los primeros minutos. Sin embargo, a medida que la trama avanza, la repetición y la falta de ritmo hacen que la historia pierda fuerza, y las expectativas de un humor mordaz se transforman en una naïve ingenuidad.
Todo parece demasiado armado. Las motivaciones de los personajes no son creíbles, las enseñanzas son manoseados lugares comunes y lo que se presenta como una singular fórmula termina siendo un pastiche repleto de pasos en falso, mal gusto y falta de conciencia.
Con un tono satírico y casi televisivo, Carrasco crea una comedia ácida, aunque no del todo implacable, que oculta fuertes críticas sociales tras su envoltura comercial. En resumen, se trata de un humor accesible que funciona como medio para la denuncia.
La película ofrece algunos momentos humorísticos sorprendentes, mostrando una habilidad inesperada del director. Además, Michael Keaton brilla en su papel, entregando una actuación apasionada como si fuera su última oportunidad en el cine.
Demandante para los actores, 'La piel de Venus' lleva indudablemente la marca del célebre director pero, al igual que su película anterior, su condición de teatro filmado la relega a una categoría menor.
Lo bueno es que la película no se queda en la broma pesada, sino que —al igual que “Borat”, cuya comparación es inevitable— tiene una estructura argumental y un final hilarante.
Es un tour de force que mantendrá al espectador pegado a la butaca, una coreografía enardecida que no nos deja respirar hasta que aparecen los créditos finales. 'Mad Max' es una larga y rápida montaña rusa.