Es una cinta atrapante y entretenida que se mete en un subgénero que, cuando está bien hecho, funciona bastante bien: El de thrillers que transcurren en aviones, donde todos somos un poco más vulnerables.
Con altas dosis de frescura, hits del momento, chistes ingeniosos y un agudo sentido de la sátira reminiscentes de las películas de Christopher Guest, 'Más notas perfectas' se destaca como una divertida y entretenida comedia adolescente.
No es un estudio de personajes ni una película centrada en la crisis financiera, ni tampoco una historia de amor. Se presenta como un conjunto de elementos que abarca aspectos de cada uno de estos temas, todo dentro de un envoltorio dramático que recicla los mismos clichés que se pueden encontrar en películas como 'Striptease'.
está claro que ésta no es la mejor película de los realizadores. Y tiene todo para ser criticada. Pero no deja de ser interesante el ejercicio de resaltar, mediante la exageración, la rareza de un clásico ya instalado en nuestra cultura.
El director Daniel Alfredson, conocido por la adaptación sueca de la saga 'Millennium', logra reconstruir la hazaña con destreza, aunque carece de sobresaltos, escenas memorables o elementos audaces que la eleven más allá de una mera corrección.
Bayona construye una de las mejores películas de catástrofe en sus primeros treinta minutos y se deja llevar por el melodrama familiar en el resto del metraje.
Este es un ejercicio correcto en términos cinematográficos, está bien filmado y hay cierta habilidad en el manejo de la tensión. El problema es que sabemos todo lo que ocurrirá y el majadero subtexto familiar no contribuye a mejorar la oferta.
Políticamente correcta y fiel a la historia que todos conocemos, la película narra la vida de Jesús desde su nacimiento en Belén hasta su crucifixión y resurrección. Sin embargo, lo hace de una manera demasiado convencional y televisiva, lo que impide que se genere un verdadero interés o asombro.
Docampo Feijóo muestra escaso interés en explorar los matices de su personaje, enfocándose en resaltar únicamente sus rasgos más evidentes, lo que se ve agravado por un pintoresquismo turístico que parece diseñado para el consumo exterior.
Apoyado por buenas actuaciones protagónicas, Provost construye una “biopic” correcta que, a pesar de sus méritos, sacrifica profundizaciones por un repaso episódico que pareciera ser el gran mal del género.
Bendjelloul tuvo buen olfato para recoger una gran historia que supo cómo transformar en espectáculo, subrayando las aristas como si fuese una comedia de enredos.
El director careció de la agudeza e ironía necesarias y se aferró a clichés que ensombrecieron un trabajo que podría haber sido cautivador. No es suficiente con reunir a Robert De Niro y Sylvester Stallone para que un guión mediocre funcione adecuadamente en la pantalla.