Koepp dirige este pastiche con maestría, mientras Depp da una clase magistral de sobreactuación. La película sigue un rumbo esperpéntico que podría ser entretenido si contara con momentos de humor efectivos.
Policial envolvente que confirma el talento del director canadiense Denis Villeneuve. El espectador no se dará ni cuenta que estuvo más de dos horas y media frente a una pantalla.
Lo que comienza como un particular encuentro sexual se transformará en un complejo puzzle policial que el cineasta construye con precisión y belleza visual. Un thriller impecable y autoral.
No es una película policial ni de denuncia, sino una combinación de todo eso y más, enmarcada en una comedia de autor que refleja el humor único de un director audaz que se atreve a abordar diálogos sobre el lenguaje.
Un documental muy sincero que se presenta como una alternativa a los retratos idealizados que hemos visto hasta ahora. Ofrece una nueva perspectiva, revelando aspectos sorprendentes de un personaje que creíamos conocer a fondo.
Buscando un tono que no logra captar y presentando chistes previsibles, la película intenta ser un fuerte desafío al sistema, aunque termina siendo una broma inofensiva en medio del fervor electoral.
Refleja un mal que se ha vuelto común dentro de la industria: el de las secuelas que no siguen otra lógica que la comercial. La idea es explotar una marca hasta el final, sin importar que la historia se desvirtúe.
Cargada de buenos sentimientos, la historia no cae en la cursilería y mantiene un buen nivel de entretenimiento, gracias a la armonía entre el humor, la fantasía y las emociones que presenta.
La película está llena de clichés, con personajes estereotipados y un exceso de melodrama, lo que le resta valor. Además, su pretensión de dar una profunda lección sobre el amor resulta poco convincente.
Dinámica y llena de cámaras en movimiento junto con música hip hop, la película no presenta nada realmente novedoso, pero el talento del director Camille Delamarre logra que sea una experiencia placentera.
El problema con 'Amor eterno' es que sufre de múltiples fallos. Carece de ambición y se apoya en lugares comunes cansinos, además de tener una banda sonora excesiva. Pero, sobre todo, resalta la torpeza de los guionistas para conectar las diferentes situaciones.
Radford presenta una versión que se mantiene leal a la película original, aunque intensifica el componente sentimental para provocar lágrimas en el espectador.
Es una entretenida road movie que narra el viaje hacia una convención de strippers. A través de la historia, se aborda la capacidad de reinvención de sus personajes, además de explorar temas de amistad y las complejidades de la masculinidad en el siglo XXI.
La dirección de Bill Condon se siente floja, y con la influencia de Meyer, todos los conflictos se resuelven de manera abrupta, resultando en un final feliz que parece una trampa.
El mérito es del francés Christophe Gans, quien se mantiene fiel a la fuente original pero asombra con una puesta en escena impecable, desde la fotografía al decorado. Alta artesanía francesa.
El italiano Giulio Petroni aplica de manera efectiva las lecciones de Leone en una película sobresaliente. Además, presenta una de las más destacadas bandas sonoras de Morricone y cuenta con la actuación memorable de Lee Van Cleef.