Collet-Serra crea un universo sombrío que se aparta de los clichés de héroes y villanos. Los personajes no se definen por etiquetas; más bien, son figuras que buscan justicia o, en un sentido más profundo, padres que protegen a sus hijos en medio del caos de la tragedia.
Se presenta un producto manufacturado que se basa en fórmulas preestablecidas y en la habilidad para identificar las fantasías comunes de la juventud actual.
La película presenta inconvenientes en su ritmo y carece de humor. Los efectos especiales recuerdan a producciones de bajo presupuesto de los años 80, y la escasez de escenas de acción afecta negativamente la experiencia, limitando su capacidad de entretener al espectador.
Está lejos de ser una película perfecta, ya que algunas resoluciones del guión son forzadas. Sin embargo, es una grata sorpresa en medio de una cartelera llena de blockbusters.
Con un elenco de actores talentosos y una dirección comprometida, se presenta un melodrama ligero que incorpora momentos cómicos, dejando una agradable sensación. Sin embargo, en ocasiones, la intensidad sentimental se vuelve excesiva, buscando conmover al espectador.
A pesar de que el uso de la técnica de cámara en mano se ha vuelto repetitivo, la película logra cumplir con las expectativas del género. No obstante, es un gran salto pasar de eso a experimentar un verdadero miedo.
En este tipo de películas con múltiples personajes, la calidad varía, presentando algunas tramas bien desarrolladas mientras que otras se sienten algo vagas.
Una gran película, una obra tan desmedida como entretenida que eleva a un Fuguet valiente, desprejuiciado y lúdico que pareciera ir contra la corriente.
Koepp dirige este pastiche con maestría, mientras Depp da una clase magistral de sobreactuación. La película sigue un rumbo esperpéntico que podría ser entretenido si contara con momentos de humor efectivos.
Policial envolvente que confirma el talento del director canadiense Denis Villeneuve. El espectador no se dará ni cuenta que estuvo más de dos horas y media frente a una pantalla.
Lo que comienza como un particular encuentro sexual se transformará en un complejo puzzle policial que el cineasta construye con precisión y belleza visual. Un thriller impecable y autoral.
No es una película policial ni de denuncia, sino una combinación de todo eso y más, enmarcada en una comedia de autor que refleja el humor único de un director audaz que se atreve a abordar diálogos sobre el lenguaje.
Un documental muy sincero que se presenta como una alternativa a los retratos idealizados que hemos visto hasta ahora. Ofrece una nueva perspectiva, revelando aspectos sorprendentes de un personaje que creíamos conocer a fondo.
Buscando un tono que no logra captar y presentando chistes previsibles, la película intenta ser un fuerte desafío al sistema, aunque termina siendo una broma inofensiva en medio del fervor electoral.
Refleja un mal que se ha vuelto común dentro de la industria: el de las secuelas que no siguen otra lógica que la comercial. La idea es explotar una marca hasta el final, sin importar que la historia se desvirtúe.
Cargada de buenos sentimientos, la historia no cae en la cursilería y mantiene un buen nivel de entretenimiento, gracias a la armonía entre el humor, la fantasía y las emociones que presenta.
La película está llena de clichés, con personajes estereotipados y un exceso de melodrama, lo que le resta valor. Además, su pretensión de dar una profunda lección sobre el amor resulta poco convincente.