Si al filme le sobra actitud, queda en deuda su eficacia en el siempre complejo arte de provocar miedo. Puede ser vista como una humorada, un ejercicio de género que no se toma muy en serio, una sátira criolla.
No es la película revelación que cambiará el rumbo del género, pero se agradece la novedad y el ingenio, elementos que ciertamente aquí juegan a favor del espectáculo.
Pese a las obviedades —y a una seguidillas de lugares comunes propios de este tipo de comedias—, 'Sin hijos' tiene un puñado de buenos momentos, un ágil ritmo narrativo y un reparto inmejorable.
Una película con buenas intenciones que se sostiene principalmente gracias al talento de Streep. Su actuación compensa las debilidades del guión, escrito por Diablo Cody, que tiende a ser predecible.
El director explora la subversión de roles mediante gags en la intimidad, observaciones de tipo "sociológico" al estilo Apatow y chistes que no siempre logran dar en el blanco. Esto la convierte en una de las comedias más inconsistentes del cineasta estadounidense.
Dramedia de enredos y buenas intenciones. Sin esquivar lugares comunes, el dramaturgo Israel Horovitz presenta una historia que, aunque entretenida, carece de originalidad. Todo esto se expresa a través de un exceso de diálogos y un fuerte sentido de corrección, lo que lleva a resoluciones que resultan algo predecibles.
Reeves brilla en su papel y la comedia es efectiva, sobre todo en los primeros minutos. Sin embargo, a medida que la trama avanza, la repetición y la falta de ritmo hacen que la historia pierda fuerza, y las expectativas de un humor mordaz se transforman en una naïve ingenuidad.
Sin grandes énfasis dramáticos, Kaurismäki narra la historia a través de pequeñas acciones y gestos -legado de su admirado Robert Bresson-, usando a la comunidad como gran personaje.
Todo parece demasiado armado. Las motivaciones de los personajes no son creíbles, las enseñanzas son manoseados lugares comunes y lo que se presenta como una singular fórmula termina siendo un pastiche repleto de pasos en falso, mal gusto y falta de conciencia.
Con un tono satírico y casi televisivo, Carrasco crea una comedia ácida, aunque no del todo implacable, que oculta fuertes críticas sociales tras su envoltura comercial. En resumen, se trata de un humor accesible que funciona como medio para la denuncia.
La película ofrece algunos momentos humorísticos sorprendentes, mostrando una habilidad inesperada del director. Además, Michael Keaton brilla en su papel, entregando una actuación apasionada como si fuera su última oportunidad en el cine.
Aunque su atmósfera oscura puede remitir a la enigmática 'Mullholland Drive', Cronenberg presenta una brutalidad que lo distingue de David Lynch. Lo logra con gran habilidad narrativa y una puesta en escena que evoca sus obras más destacadas.
Demandante para los actores, 'La piel de Venus' lleva indudablemente la marca del célebre director pero, al igual que su película anterior, su condición de teatro filmado la relega a una categoría menor.
Lo bueno es que la película no se queda en la broma pesada, sino que —al igual que “Borat”, cuya comparación es inevitable— tiene una estructura argumental y un final hilarante.
Es un tour de force que mantendrá al espectador pegado a la butaca, una coreografía enardecida que no nos deja respirar hasta que aparecen los créditos finales. 'Mad Max' es una larga y rápida montaña rusa.
Collet-Serra crea un universo sombrío que se aparta de los clichés de héroes y villanos. Los personajes no se definen por etiquetas; más bien, son figuras que buscan justicia o, en un sentido más profundo, padres que protegen a sus hijos en medio del caos de la tragedia.
Se presenta un producto manufacturado que se basa en fórmulas preestablecidas y en la habilidad para identificar las fantasías comunes de la juventud actual.