Los rasgos de una obra maestra. Titanic es una diversión insuperable, pero también más que eso: una contribución compleja, libre e intrincada, un empujon impagable, a la evolución del cine moderno. tres horas del mejor cine que hemos visto en mucho tiempo.
La bajada al infierno que presenta 'Ciudad de Dios' se intensifica hacia arriba, impulsada por un crescendo incesante. Es una película tanto terrible como hermosa.
Inteligente y impactante, esta es una película para adultos dirigida por un equipo de novatos. Se presenta como una fresca bocanada de cine independiente, destacando entre lo más vibrante del cine español contemporáneo.
La hermosura del filme es indefinible. La historia y su magistral visualización nos sitúan en el borde de lo inefable, más allá de las palabras. Un filme de tan singular belleza, que se olvidan y dejan pasar su precipitado final.
Aspira a nueve Oscars y puede que consiga alguno por su habilidad para disimular sus fallos como si fueran originalidades. Lo que intenta comunicar Van Sant es un tema profundo, pero las imágenes y los símbolos de su película nunca alcanzan el significado que desean transmitir.
Convertido el cinemascope en un formato habitual y en parte casi histórico, 'La túnica sagrada' no es más que una película común, de puro consumo y con algunas rarezas que ahora tienen un inevitable aroma ingenuo.
Funciona, a ratos arrastra, pero su brillantísima idea está lastrada por un guión que mecaniza en exceso los personajes corales. Resines y Cruz levantan un final en peligro de venirse abajo
Una incursión en el mundo apacible de Anton Chéjov y el infierno de las grandes purgas de Stalin en los años treinta. Dos universos opuestos que este actor y director combina con sorprendente coherencia y facilidad. Las escenas finales conforman un momento realmente extraordinario de cine de altos vuelos.
Noble, magníficamente filmado, ambicioso y brillante pero -al no fijar el hilo de la emoción y dispersarla, al faltarle alma, aliento formal envolvente; al expulsar, por falta de empuje lírico, al enigma de ese embrujo que busca- fallido filme
La película funciona, se respira, divierte, cautiva, crea tensión, hace disfrutar a la inmensa mayoría con un espectáculo elegante, bien elaborado y de vieja noble estirpe, y hay dentro de ella un trabajo de cine comercial minucioso e inteligente, sobre todo si se carga esta palabra en lo que tiene de expresión de astucia y de capacidad de cálculo.
Armendáriz lleva en 'Silencio roto' a su última consecuencia, la maestría absoluta, el conmovedor susurro de elocuencia del estilo que maduró en 'Secretos del corazón'. (...) conquista una de las más elevadas hazañas que cabe dentro de una pantalla: otorgar tanta y tan contagiosa vida a un trenzado de personajes.