Llena de audacia formal y de capacidad para transmitir la emoción del dolor en carne viva. Película de gran dureza, pero conmovedora por su ternura, es un poderoso melodrama clásico, de estirpe fordiana, esculpido con fuerza y, sin embargo, destila destellos de una delicadeza equilibrada.
Divierte y entretiene, pero resulta frustrante ver cómo el extraordinario talento de esta actriz se diluye en una trama superficial. Es lamentable que su calidad se desperdicie en un filme que no está a la altura de sus capacidades.
A ratos chistosa e hilarante. Con eficacia y soltura, estas ocho actrices aportan consistencia a las carencias de una película diseñada con astucia. Sin embargo, el guión está lleno de trucos innecesarios y se presenta de manera demasiado lineal.
Se ve con gozo. Todo es transparente en esta historia de alto erotismo nórdico. Sereno, cadencioso, vivo, sensual, a ratos incluso caliente juego amoroso. La gradualidad del crescendo sentimental es perfecta, libre, creíble, elegante.
Pese a contar con un guión muy didáctico de David Mamet, el director de Hoffa, Danny DeVito, y su intérprete, Jack Nicholson, restan con su exceso de artificio la credibilidad
Obra de una producción casi primorosa, en la que cada eslabón del engranaje es el adecuado entretiene, sostiene la atención un ejercicio de innegable buen oficio
Fernán-Gómez ofrece una magistral lección de complejidad en apariencia sencilla. Este film contiene auténticas capas de significado. 'El mar y el tiempo' es una obra creada tanto para actores como para el público. Ver su actuación es un verdadero deleite.
Excelente, emotiva, hermosa, muy entretenida, con un comienzo trepidante y un dúo Resines-Ramallo que mantiene con el ánimo secuestrado y los ojos húmedos la parte final de la película.
El dúo entre salvador y poeta salvado es doloroso y tierno. Sin embargo, el equilibrio del idilio entre los dos hombres se ve interrumpido por el personaje intruso de Kiti Manver, lo que provoca que la película cojee por ese tercer elemento.
Suave tragicomedia primorosamente hecha en clave y tono de comedia. Despide desde su arranque dolor y emoción, alegría y severidad. Una obra que se cierra con la misma maestría con la que sea abre: en un prodigio de desenlace gradual.
Confusa y aparatosa segunda película de Jonze, un campeón del miniaturismo que aún no domina el largometraje y satura el celuloide con recursos musicales y visuales de escasa capacidad para crear tensiones dramáticas.
Kathleen Turner ofrece una actuación excepcional, destacando con gran convicción, aunque la película no parece ajustarse completamente a su talento. Aunque se presenta como una comedia atrevida y mordaz, Waters carece del ingenio necesario para lograr un mayor impacto en los gags. En definitiva, se trata de una obra que cumple con su función, pero
Weir realiza un excepcional trabajo al llevar la historia a la pantalla, aunque en ocasiones resulta excesivamente benévolo. Sin embargo, logra mantener el interés, gracias a la actuación del capitán interpretado por Russell Crowe, quien brilla con su destacada habilidad.