Película maldita, hecha en 1983 y luego reducida al silencio y al olvido. A causa de un falso anatema de antisemita que le colgó la extrema derecha sionista. Fue este silencio peaje de la osadía de presagiar la inmensa tragedia de Palestina, lo que da hoy a este viejo filme inédito una desazonadora vigencia. Una obra grave, intensa y hermosa.
Es un filme apasionante que deslumbra, aunque resulta algo pretencioso. Comienza de manera dinámica, pero pierde fuerza a medida que avanza y se vuelve un tanto predecible.
Una obra desastrosa, llena de escenas sexuales convencionales y poco inspiradoras que transforman la castidad en un anhelo erótico interminable. Curiosamente, ha provocado la indignación del Vaticano, cuando lo esperado sería que quienes promueven la abstinencia apoyaran un contenido tan desalentador.
La lenta trama es tan efectiva que podría ganar un galardón, pero ya ha obtenido el de la tristeza, que se manifiesta en niveles abrumadores, convirtiéndose en un verdadero desastre de tedio.