No solo prueba que la técnica de Aardman puede crear un largometraje sumamente estilizado, sino que también se convierte en un excelente ejercicio de entretenimiento.
Una obra inmaculada creada por un maestro del medio. Es una propuesta melancólica y bellamente anticuada que probablemente molestará a las nuevas generaciones.
Teniendo en cuenta el talento que atesora, las dudas que muestra la cinta respecto a su estilo y a su incapacidad de conmover han de ser entendidas como una decepción mayúscula.
Un referente del drama hollywoodiense que se sitúa entre el estilo de estudio clásico, elegantemente recargado, y la frescura íntima de la Nouvelle Vague francesa.
Tanto si eres un devoto de la película o la detestas, la evaluación final de la obra nos recuerda al poco entusiasta epitacio del Che respecto a Eva: 'Tuvo sus momentos, y algo de estilo'.
A ratos resulta hilarante y en otros momentos conmovedora; es una película dulce y ligera, más una hermosa postal que una biografía detallada. Preveo nominaciones a premios para Williams y Branagh.