Un estudio sobre la tiranía de la influencia en las redes y del pánico social. Pero también un retrato efectivo, compasivo e ingenioso sobre su antídoto.
Un debut de una confianza excepcional. Montiel muestra una notable atención al montaje y al diseño de sonido. Sin embargo, su mayor fortaleza radica en el elenco.
Llena de guiños al pasado, chistes internos, referencias conscientes y recuerdos, es totalmente para los fans. Y, juzgada únicamente por ese objetivo, es un puro, aunque modesto, éxito.
Ofrece una mirada sensible y soberbiamente compasiva hacia muchas cosas, incluyendo la fragilidad de la dignidad, las huellas fantasmales del dolor y el amor, y los perdurables misterios de la consciencia.
Como comedia acelerada y atrevida, se presenta más como un debut curioso que como uno desafortunado, aunque su naturaleza resulta ser un tanto frágil y fácil de olvidar.
Una película amena sobre personas que intentan ser lo mejor que pueden y mantener una convivencia agradable, a pesar de que surjan algunos inconvenientes en el camino. Aunque todo es placentero, esto no constituye una base sólida para un entretenimiento que resulte impactante o emocionante.
Como ya evidenció en la fallida 'A Million Ways to Die in the West', MacFarlane es, en esencia, una persona que ha tenido suerte en televisión. Le falta habilidad cinematográfica y un sentido del ritmo.
La tensión romántica se centra principalmente en los hombres. La película resulta ser poco más que un producto insípido del cine: carece de originalidad, es superficial y parece excesivamente fabricada.
'50/50' transforma los clichés del melodrama sobre enfermedades, aportando una frescura genuina a través de su honestidad, compasión sincera y un ingenio que evita caer en el sentimentalismo.