La historia, que avanza de manera lenta y tediosa, gira en torno a un triángulo homosexual con elementos delirantes. Aunque el guión presenta buenas ideas, estas no están bien desarrolladas. No obstante, la visión estética del director finalmente logra rescatar la obra.
Humor exquisito y romance sentimental para una obra maestra que oscila con delicadeza entre la comedia y el melodrama. Sonrisas y lágrimas para recordar.
Un edificio y un héroe se enfrentan a una intensa secuencia de tiroteos, explosiones y caídas impresionantes que mantienen al espectador al borde de su asiento. Podrán considerarlo excesivo, pero es realmente una obra maestra del cine catastrofista.
La primera parte, con su humor excepcional y la encantadora Anne Bancroft, continúa siendo lo más destacado. Este es un auténtico clásico de la década de los sesenta que perdura en la memoria.
La fotografía en blanco y negro es asombrosa y destaca los innumerables detalles que Akira Kurosawa utiliza para dar vida a su magnífica epopeya bélica. Es una experiencia cinematográfica excepcional.
Una de las grandes obras maestras del cine mudo, una brillante superproducción en cuatro episodios con un despliegue asombroso de extras y decorados. Es impresionante, épica y grandiosa. A pesar de ser muda, su impacto es innegable.
La película se articula en diferentes segmentos: comienza con humor, transita por el misterio y culmina en un melodrama con una lección profunda. Es en la madurez tanto profesional como emocional de Pfeiffer donde la narración encuentra su mejor esencia.
John Millius arriesgó su prestigio y respeto en una producción dirigida a adolescentes. Como resultado, no solo perdió el prestigio y el respeto, sino que también posiblemente su razón.
Maravillosa aventura colonial con tesoros, valientes hermanos y la Legión Extranjera. Reparto de lujo y acción de la vieja escuela. Antológica y nostálgica.
El enfoque surrealista del director no se ajusta a lo que la mayoría aprecia. Su montaje y guión parecen estar basados en conceptos que nos resultan distantes y poco coherentes.
Después del éxito inicial, Chávarri regresa con un enfoque similar y el mismo elenco en esta secuela, la cual es más exagerada y juega con ironías sobre las relaciones homosexuales de Mario, quien ahora se encuentra en Argentina. Un claro ejemplo de puro kitsch.