El espectador que esperaba un superhéroe existencialista se decepciona al darse cuenta de que esta película está dirigida a un público infantil, centrándose más en los hermanos del héroe que en las amenazas que acechan en el otro lado.
Bowman carece de originalidad en las secuencias de acción, optando por mostrar repetidamente el rostro de Jennifer en lugar de ofrecer una experiencia visual más dinámica.
Sin trampas ni golpes bajos elige un enfoque más sutil y auténtico, reflejando la complejidad de la vida y las emociones. Esto puede favorecer el realismo, aunque podría restar atractivo al drama.
La película logra con éxito la compleja fusión de la comedia romántica con la comedia gamberra, destruyendo los límites de ambos géneros. El desenlace es simplemente impecable.
Una producción que evoca las grandes películas XXL del pasado. Aunque su trama se siente familiar, la forma en que se desarrolla, con una competencia renovada, hace que la historia no se convierta en algo tedioso.
Porno-gore de alta gama. Si disfrutan de este tipo de contenido, encontrarán elementos como necrofilia, canibalismo (sugerido, hasta culminar en un clímax perturbador) y tortura.
Es destacable el singular sentido del humor que exhibe el director, logrando representar un tema que en manos de otros podría haber sido exagerado con simbolismos y una carga ideológica innecesaria.
Un relato que, aunque sigue una estructura muy definida, logra cautivar al espectador al evitar los clichés habituales de la versión hollywoodense del género. Además, destaca el impresionante trabajo de Alexander Fennon.
El gran problema de esta película es que no logra sacar provecho de una reveladora trama, lo que impide que se desarrolle un drama convincente y atractivo.
El excepcional trabajo de Bruno Ganz trasciende la simple imitación. El toque magistral se presenta al final con un breve epílogo documental que da sentido a esta intensa experiencia de dos horas y media en el búnker.
En la crónica de la carrera de Godard, 'La chinoise' reafirma su ruptura con las estructuras narrativas convencionales. Se convierte en un manifiesto contra el espectáculo burgués del cine, consolidándose como un clásico entre los cineastas menos ortodoxos.
Shults logra atraparnos desde el principio y mantiene nuestra atención a lo largo de toda esta increíble película. Es una experiencia que merece ser vista, aunque no busquen escenas de gore o la acción de "Mad Max".
Desfile de rostros muy jóvenes que puede resultar abrumador, con una belleza prerrafaelita pero una expresividad limitada. La verdadera fortaleza de la película radica en su impresionante belleza visual, mientras que su narrativa peca de falta de profundidad.
Podría interpretarse como una fantasía machista, pero realmente es diferente. La clave está en que Charlize Theron interpreta a una superwoman que logra disfrutar y aportar el tono adecuado a la historia.
Un proyecto así no tiene objeciones. Sin embargo, la justificación de que es una obra 'necesaria' no debe eclipsar la sensibilidad y el sutil talento de la directora.