Las palabras se distorsionan y los agravios se reiteran; se sienten ofendidos al confundir los términos, aunque la palabra 'terrorista' nunca ingresa en el vocabulario.
Neil Jordan, con una trayectoria cinematográfica irregular, presenta esta película como un intento de volver a su mejor nivel, pero no logra alcanzar esa meta.
Prodigio de sutileza, esta película se sustenta sobre un trabajo espectacular de dos actores: el inefable Tom Courtenay y una arrebatadora Charlotte Rampling.
La película y el actor logran hacer uno de los grandes milagros del cine: hacernos sentir empatía por un personaje que parece lejano, como este triste, solitario y finlandés.
Castel logra de manera sobresaliente transmitir la esencia de un personaje frío y complicado, como un axioma. Esta película, aunque impactante, resulta casi asfixiante.
Klapisch presenta una historia ordinaria. Los conflictos que emergen no poseen un drama significativo, y la película, en su búsqueda de tensión, a menudo cae en clichés.
Lo primero que destaca es el delicado toque mágico en la trama. Es una fábula que se mantiene ambigua, dejando un final abierto que irradia una belleza indiscutible.
Benpar argumenta que el cine debe presentarse en su forma original, sin alteraciones como colorido, doblaje o ediciones. Su enfoque es claro y directo.
Organiza de forma dinámica un apabullante material de la época y prescinde de entrevistas a los testigos y supervivientes, una opción que uno desde luego agradece.
Schwaiger se entrega a la pasión por la noche, la música y la comunidad de la isla. Sin embargo, es más atractivo el Schwaiger que se opone, como en su inolvidable representación de un nazi en 'El paraíso de Hoffman'.
Dequenne destaca como una impresionante actriz trágica, aunque la película no profundiza en las razones que llevan a la protagonista a su caída. Sería deseable una mejor caracterización de los personajes que la acompañan.
Es un documental poco convincente que utiliza todos los recursos disponibles para captar la atención del público, pero lo hace de manera superficial y sin profundizar en los temas que aborda.
En un documental, se debería centrar la atención en el contenido y no en la presentación. Sin embargo, la falta de originalidad en su forma y el uso demasiado literal de las imágenes de archivo resultan frustrantes.
Admito que perdí paciencia rápidamente, hasta que entendí que esta franquicia cuántica está dirigida a los más jóvenes; especialmente para aquellos que no están familiarizados con los Spy Kids de Robert Rodríguez, que son una versión más amigable e inclusiva de esta propuesta.
Los hermanos Foenkine, junto a la protagonista Viard, logran abordar de manera valiente los aspectos más sombríos de este descenso al limbo de quienes ya no se sienten en la misma etapa de vida que sus hijos.
Estamos frente a un chiste que pierde fuerza con el tiempo. No sé si es lo que se denomina post-humor o simplemente algo que resulta más divertido para sus creadores que para el público.