Nueva e innecesaria versión con múltiples persecuciones, efectos visuales llamativos, giros inesperados y elementos de terror cliché. Kiefer Sutherland hace un cameo, pero lamentablemente no se cuenta con Julia Roberts.
Película que lo tiene casi todo para ser tan perfecta como el atraco que describe. Es una impecable pieza de género, con el empaque del buen cine de acción americano, pero sin sus excesos habituales.
De verdad que no se nos ocurre nada más que decir de este ejercicio de (poco) estilo que algún día proporcionará siestas memorables cuando lo emitan de sobremesa.
La suerte es contar con un sujeto y un tema como este: un atracador vallecano dispuesto a contar su historia. Esa es la aventura de hacer y de ver esta película.
Romero es el que mejor aprovecha el mito que él mismo instauró, evitando utilizar tecnología avanzada y manteniéndose fiel a la auténtica esencia del cine de serie B.
La película destaca gracias al profundo conocimiento que tienen Sandler y Apatow sobre el tema. La fórmula que utiliza Apatow es sobresaliente, logrando una conexión única con el público. Su talento es innegable.
Concepción caricaturesca de un personaje hecho de mohínes y monerías. Es una pena ver a Bridget dilapidar el capital de simpatía que se había ganado en su primera encarnación en la pantalla.
La intriga suave al estilo Hitchcock se convierte en un obstáculo para Hartley. La narrativa termina predominando sobre la estética, afectando la fluidez de la historia.
Cine de género americano con una trama que nos lleva a un final impactante. A medida que avanza, los giros inesperados del guión pueden dejar al espectador deseando una narrativa más coherente. La historia mantiene el interés, pero puede resultar confusa.
Una estructura narrativa que alterna de forma molesta entre el presente y un pasado lleno de corrupción, junto con los saltos y cambios que presenta, termina siendo irritante y ofrece explicaciones que son tanto redundantes como confusas.
Las distintas formas narrativas presentes en esta película no logran fusionarse de manera efectiva. No conseguimos la esencia de Wong ni de Lynch, resultando en un noir de Singapur que parece demasiado pretencioso. Sin embargo, no se puede negar que presenta un interesante cóctel visual.
El protagonista de Kolinka es un personaje completamente olvidable, generando en nosotros tan escasa empatía como la que él demuestra hacia su entorno.
Es uno de los mejores largometrajes de los últimos tiempos, donde no solo oímos, sino que también percibimos la madera crujiente, el metal percutivo y el salitre pegajoso.