Efectista estilo que, a pesar de su apariencia, no aporta nada nuevo a la trama. Aun así, la historia logra algunos momentos destacados que elevan un poco la experiencia.
Una narración que refleja la vida de los privilegiados disfrutando de sus ventajas, con interpretaciones de actrices que parecen tener una visión moderna y poco realista de lo que significaba ser una menina en su tiempo.
Uno se pregunta si está ante «Luz de gas» o un «Mulholland Drive» en Sanchinarro, y no puede evitar pensar en cuántos momentos aburridos hay en la trama.
La película se centra en la experiencia del sufrimiento y la lucha por recordar, dejando de lado cualquier discurso político. Se exploran temas profundos como la falta y el anhelo, en un enfoque puramente materialista.
Las palabras se distorsionan y los agravios se reiteran; se sienten ofendidos al confundir los términos, aunque la palabra 'terrorista' nunca ingresa en el vocabulario.
Neil Jordan, con una trayectoria cinematográfica irregular, presenta esta película como un intento de volver a su mejor nivel, pero no logra alcanzar esa meta.
Prodigio de sutileza, esta película se sustenta sobre un trabajo espectacular de dos actores: el inefable Tom Courtenay y una arrebatadora Charlotte Rampling.
La película y el actor logran hacer uno de los grandes milagros del cine: hacernos sentir empatía por un personaje que parece lejano, como este triste, solitario y finlandés.
Castel logra de manera sobresaliente transmitir la esencia de un personaje frío y complicado, como un axioma. Esta película, aunque impactante, resulta casi asfixiante.
Las escenas de percepción alterada brillan gracias al trabajo del equipo técnico, aunque esto muchas veces menoscaba la labor del equipo artístico. La desconexión de la realidad resulta en un efecto que oscila entre lo impresionante y lo poco atractivo.
Klapisch presenta una historia ordinaria. Los conflictos que emergen no poseen un drama significativo, y la película, en su búsqueda de tensión, a menudo cae en clichés.
Es posible que algunos se pregunten si una película de Mongolia, específicamente de Ulan-Bator, puede atraer por algo más que su singularidad cultural. Sin embargo, la protagonista es realmente cautivadora y representa todo un hallazgo.