Zemeckis se destaca como uno de los cineastas más respetados del cine comercial estadounidense y es posiblemente uno de los más exigentes consigo mismo. 'Flight' marca su retorno al cine en vivo, y lo hace de una manera valiente, intensa y memorable.
Su tensión y su nervio cinematográfico, evidentes en los planos cercanos y el uso de cámara en mano con encuadres precisos, junto a la habilidad para crear conflictos a partir de situaciones mínimas, son aspectos que destacan en su esencia.
Es una apología de la monarquía, pero no es necesario tener un juicio sobre ese régimen político para advertir que su operación es demasiado simplista, monocromática y convencional.
El cineasta Paolo Genovese es también autor de la idea, pero su ejecución está por debajo de ella. La dirección ha limitado a los personajes; no están para sorprendernos, sino que cumplen con lo que dictan sus vestimentas, gestos y modales, reducidos a meros prototipos.
Es una película ambiciosa y pretenciosa, reminiscentes de 'La gran belleza'. Sorrentino, a quien han denominado "radical chic", se arriesga al presentar ideas contundentes. Su estilo visual, excepcionalmente inspirado, convierte cada una de sus obras en una experiencia visual fascinante.
Corsini, que ya cuenta con un recorrido de 18 películas, intenta con 'Tiempo de revelaciones' hacer una declaración lésbica. Sin embargo, es cuestionable si esta compleja trama de secretos logra cumplir con tal pretensión.
La once se presenta como un homenaje a la amistad femenina, un cálido reconocimiento a esa conexión que perdura a lo largo del tiempo. Sin embargo, bajo esta apariencia, inevitablemente, es una película que aborda el tema de la muerte.
Es la tierra de la adolescencia perpetua, que obliga a preguntarse si este cine dejará algún día de jugar a los aficionados, si pasará más allá de la diversión del cuarto medio y si podrá desprenderse de las imitaciones y las parodias para convertirse en el cine popular con raíces propias.
Uno está obligado a preguntarse por qué gente inteligente, con carreras brillantes, que ha tenido un paso inolvidable por el cine, acepta participar en una cosa como esta, más previsible que interesante, más penosa que estimulante y más denigrante que divertida.
Cada cierto tiempo Hollywood produce algún proyecto que, a pesar de las bajas expectativas, se convierte en un gran éxito de taquilla. 'Ted' quizá no alcance el impacto de 'Mi gran casamiento griego', pero sin duda ha sido una de las grandes sorpresas del año.
Esta es, por lejos, la película más hablada de toda la filmografía de Cronenberg. Y sin embargo es cine puro, donde todo el lenguaje se juega en el punto de vista, la posición de la cámara.
Ozon asume muchos riesgos en esta película. Además de retomar una historia antigua, filma en blanco y negro, modifica un guion muy difícil y se interna en un melodrama lloroso cuando los tiempos no parecen propicios.
Con todo, la falla principal de 'Promesa de vida' no es ese choque con la credulidad, sino su propia incoherencia fílmica, esa combinación chirriante de dolor con turismo, de pérdida con magia y de tragedia filial con romance intercultural que lo hace todo liviano.
Bourdos edifica este universo con una sensibilidad artística que se ajusta a los tópicos que muchos, tal vez en exceso, asocian al arte, convirtiéndolo en una suerte de turismo sensorial.
Giannoli dirige con una estética barroca que refleja la turbulencia emocional de la protagonista y su perturbación interna, permeada por el kitsch y la extravagancia. Aunque hay algunas ideas poco claras, sus pretensiones no llegan a interferir con el avance de la película.
Esta es la primera cinta de Woody Allen con Storaro, pero es como si el instrumento se hubiera encontrado con su intérprete. La precisión de la cámara, la ligereza de la composición, la cascada de colores, es todo lo que Woody Allen pudo querer para una historia.