Anderson disfruta de lo que hace, como lo demuestra el uso de un impresionante reparto en papeles menores, pero ese placer puede restar profundidad a sus obras.
Se necesita una marcada obsesión por el sufrimiento y la sangre para realizar esta película. Esta misma fijación se encuentra en la obra de Mel Gibson. Es un tipo de masoquismo visual relacionado con un sentimiento religioso intensamente expresado, que prácticamente no se refleja en las imágenes.
Un filme político que, sin embargo, se centra en el reverso de la política: la creación del antimito, la contrametáfora, y la simplificación de la ideología a través del simbolismo. También se enfoca en denotar la incoherencia como una forma de traición. La figura real de Neruda tiene poca relevancia, ya que está diseñada para respaldar la tesis y
Sokurov es posiblemente el cineasta más ambicioso del panorama cinematográfico actual. Sus obras poseen la singular habilidad de llevar los elementos narrativos a dimensiones inesperadas, transformándose en expresiones monumentales de la lucha humana. Un cine excepcional.
Tiene una ejecución eficiente, pero unos supuestos extraños y ligeramente velados, como si no dijera lo que exactamente pretende decir. Y es en esos supuestos donde están todas sus debilidades y sus momentos más flojos.
Esta puede ser la película más honesta de Jodorowsky, a pesar de que visualmente sea la menos exuberante. Existen momentos destacados, pero no están saturados con la imaginería solemne que caracteriza a otras de sus obras.
[Spielberg] no es un cineasta sintético y esa inclinación se convierte en uno de los peores lastres de Puente de espías, porque revela una cierta falta de convicción del cineasta acerca de cuál es el verdadero centro de su película.
Eastwood es un cineasta entrañable e irritantemente irregular, que nunca será igual a Scorsese, como lo certifica este tributo indirecto a la obra de este último.
El problema con este meta-cine de corte biográfico radica en un aspecto externo a la obra misma: la comparación resulta demasiado accesible y, con frecuencia, el material referencial se posiciona en un nivel superior.
Este es el cuarto largo de Chazelle. Esta insólita deriva hacia la desolación de la muerte en un cineasta esencialmente musical muestra que su capacidad de sorprender todavía está en alza.
Es una historia reconfortante e inspiradora, con buenas intenciones y políticamente correcta. Sin embargo, resulta difícil de apreciar si no se está dispuesto a aceptar la infantilización de todos los elementos cinematográficos.
Un ingenioso montaje de asociaciones y un relato muy bien estructurado. Se puede apreciar de dos maneras: como un excelente recurso para especialistas o como un estímulo poderoso para acercarse a este cine fascinante y singular.
Es una película fascinante por las razones equivocadas. Su centro emocional no es el hallazgo de verdades ocultas ni las revelaciones de la adultez, (...) Grande, Bellocchio.
La ejecución cinematográfica resalta el subjetivismo característico de Larraín. En sus momentos más ásperos, puede llegar a atraer a Aronofsky, mientras que en sus pasajes más líricos evoca la hiperconciencia de Malick. Aunque 'Jackie' parece alinearse más con el primero, establece un diálogo interesante con ambos.
'Ida' es un filme que explora la posibilidad de la fe, más que la santidad, en un mundo que difícilmente la admite. Así, se convierte en una película audaz, singular y conmovedora.