Una película que intenta mucho más de lo que logra, afectada en gran medida por diálogos excesivamente elaborados y pretenciosos que arruinan la frescura de la propuesta inicial.
Nostalgia emocional, ambientada en los ochenta, con un costumbrismo auténtico y la frescura de jóvenes intérpretes que transmiten de manera sencilla y sincera su desorientación adolescente.
Cóctel de referencias tanto cinematográficas como estéticas pasadas por el filtro de la personalidad de una cineasta debutante que se atreve a desafiar las convenciones y dar rienda suelta a su sugestiva imaginación.
La ‘explotation’ en versión 'teen'. Todos los tópicos que uno se pueda imaginar sobre el primer amor juvenil están dispuestos uno detrás de otro sin el mero atisbo de sonrojo.
Lesage nos presenta a los personajes de manera sensible, fluida y etérea, capturando la intensidad de la fragilidad adolescente a través de la melancolía y una atmósfera envolvente.
Apuesta por la integración LGTBI en el ámbito 'mainstream' y aborda con humor y sensibilidad los conflictos de una generación que lucha por apartar los tabúes sociales y fomentar la tolerancia.
Una miniatura rodada con un gusto exquisito en la que el elemento surrealista con toques de una comicidad contenida se da la mano con la intimidad costumbrista para componer una imaginativa alegoría sobre el dolor.
No es ni pedante ni redundante, sino una conmovedora fábula menos ingenua de lo que podría parecer, presentada como una 'road movie' que emplea los esquemas de la comedia romántica francesa con un toque de brit-pop.
El director capta con delicadeza de qué manera la línea que separa el amor y el dolor termina siendo muy fina. Sin embargo, la película cae en la trampa de la autocomplacencia y el regodeo.
Es una minuciosa indagación, repleta de delicadeza y detallismo emocional, en el universo infantil y en la manera en la que se conforma la personalidad a través del desencanto.
Deleuze logra captar el desconcierto y la ira de una niña de trece años. A través de sus dinámicas cotidianas, nos revela de manera natural y sorprendente los claroscuros de esa etapa de la vida.
Una fábula en torno a la cerrazón moral y cultural. La directora compone sus imágenes, impregnadas de una exquisita poesía evanescente. Es una obra de aliento trágico y exuberante belleza.
Una mirada humana y llena de autenticidad, que sabe manejar los códigos del costumbrismo sin caer en el relato obvio, modulando a la perfección el drama y la comedia.
Un universo repleto de extrañeza. El espectador avanza en la narración como si estuviera en un videojuego, pasando de una escena a otra y cambiando de avatar, en una sucesión vertiginosa de imágenes gore.
Tiene tripas y una fuerza interna devastadora que incomoda al mismo tiempo que conmueve. Es el regreso visceral y escurridizo de un director que vuelve a desplegar con mano maestra toda su poética del horror.
El director presenta una narrativa clara, capaz de capturar tanto las luces como las sombras de su elenco, creando un retrato colectivo inolvidable de personajes solitarios enfrentados a un mundo despiadado.
Invitación a reflexionar sobre las barreras que separan a Occidente de África con un potente mensaje. Puede que en algunos momentos caiga en la tentación del subrayado, pero la fuerza de su mensaje prevalece.