Es una encantadora película de aventuras para adolescentes. Se trata de una divertida historia con un toque de misterio, que además reserva un espacio para una sutil melancolía.
Tiene tripas y una fuerza interna devastadora que incomoda al mismo tiempo que conmueve. Es el regreso visceral y escurridizo de un director que vuelve a desplegar con mano maestra toda su poética del horror.
El director presenta una narrativa clara, capaz de capturar tanto las luces como las sombras de su elenco, creando un retrato colectivo inolvidable de personajes solitarios enfrentados a un mundo despiadado.
Invitación a reflexionar sobre las barreras que separan a Occidente de África con un potente mensaje. Puede que en algunos momentos caiga en la tentación del subrayado, pero la fuerza de su mensaje prevalece.
Planteamiento social contado de manera diferente sin afán aleccionador que cuenta con dos estupendas interpretaciones que componen un complejo y emocionante tándem paterno-filial.
Lástima que se apueste por una 'road-movie' articulada a través de un buen número de clichés, lo que impide que adquieran el peso que merecen un puñado de personajes bien construidos y mejor interpretados.
El director organiza con gran destreza los elementos de la historia, lo que hace que sea difícil resistirse a su impecable funcionamiento. Su gran descubrimiento es la habilidad para encontrar un equilibrio en la narrativa, logrando transmitir su mensaje sin caer en la moralización.
Una batería de tópicos se suceden sin sorpresas; siempre sabes lo que sucederá y cómo. La película ofrece poco más que un relato convencional sobre el fracaso y la adicción.
Un film impregnado de una hermosa poesía que conmueve profundamente. Es ideal para quienes buscan sumergirse en historias conmovedoras sobre la amistad.
En el seno de esta fábula cruda y bienintencionada se manifiesta un espíritu incorruptible, representado por un cineasta símbolo de la resistencia autoral. Es una película emocionante y humilde.
El director se muestra más inspirado que nunca a la hora de conjugar narración e imagen. Vortex está repleta de ideas brillantes, es una película viva a pesar de hablar de la muerte.
Martin Rosete presenta un drama geriátrico que, aunque crepuscular, resulta condescendiente con la vejez, destacando la actuación notable de Bruce Dern. La película, en esencia, busca provocar ternura en el espectador.
Jesús Ponce compensa las insuficiencias del relato con diálogos sólidos. Sin embargo, en algunas ocasiones, las situaciones tienden a repetirse y el esfuerzo de los actores no logra reparar completamente las falencias.
Pequeña película sensitiva, al mismo tiempo dolorosa y etérea, que retrata la juventud de las clases menos favorecidas sin caer en el melodrama ni la exageración. Es una hermosa historia de amistad que conmueve profundamente.
Tan extravagante como simpática, esta fábula urbana derrocha vitalidad y logra que su espíritu conciliador nunca se vuelva empalagoso, sino que se siente impregnado de una frescura muy saludable.