A pesar de que los cambios geológicos alteran la geografía, no son responsables de la pésima representación de los rascacielos de Nueva York. Igualmente, no se les puede atribuir la culpa de los diálogos.
Presenta imágenes generadas por ordenador que parecen descuidadas, una exposición excesiva y una sensiblería manipuladora típica de muchas películas de Hollywood. La única novedad es que guarda un parecido con algo que ya hemos visto antes.
La película no es, parafraseando una línea de 'La loca historia de las galaxias', la combinación más estúpida que has oído. Pero no es demasiado buena tampoco.
Aunque 'Approaching the Unknown' no es completamente satisfactoria, Strong llega alto en su retrato de la confusión de un hombre que cree que la supervivencia es una cuestión de ingeniería.
Es probable que deje a los espectadores estremecidos, y siempre resulta comprensible, incluso en las secuencias que ilustran lo que los pilotos vieron en la cabina.
Syversen muestra una potente afinidad por los bajos atronadores, las luces de neón y los primeros planos perturbadores, pero también un sentido algo más disperso por los personajes y su temática.
Tiene un poderoso sentido de pertenencia a un lugar, con detalles que parecen muy auténticos y en algunas ocasiones reales. No obstante, el estilo de Rapman tiene la mala costumbre de reducir el drama a una serie ideales.
Lo que ofrece es el modesto placer de animar a un equipo de reporteros a conseguir una historia. Eso, y la interpretación: excepcional por parte de Anderson.
Avnet consigue que la película sea entretenida pese a sus defectos. No sé si es por la fuerza del reparto o por la sugerente recreación de la época, pero 'Three Christs' tiene una profesionalidad atractiva
Una apreciación exhaustiva, enérgica y en gran medida cronológica, más interesada en rendir homenaje a una leyenda de la música que sacudió las cosas que en sacudir las propias convenciones.
Hay escenas con una fuerza tremenda. El poder de 'Tchaikovsky's Wife' se siente acumulativo. Su ritmo pausado y los saltos temporales contribuyen a una sensación de tiempo dilatado.
Una cosa es lanzar varias conjeturas en un thriller de tres horas y otra es juntar ideas sobre conspiraciones de cualquier manera en un documental frenético.
Verhoeven, a sus 82 años, continúa explorando el escándalo y no ha decepcionado. La película, en ocasiones, parece ser un compendio de sus reflexiones sobre el erotismo, la racionalidad, la ambigüedad moral y la fe. Logra mantener un tono irónico y, a la vez, completamente serio.