A través de un guion que sigue un enfoque tradicional, aunque con toques agudos, la película realmente pertenece a las víctimas y se desarrolla de manera muy inteligente.
Una amarga y lúcida reflexión sobre el verdadero significado de la amistad, con la complicidad de los personajes y un guion incisivo, que no renuncia a momentos de comedia pura.
Con alguna leve alteración de la trama y del contexto en un evidente ejercicio de revisión del pasado, logra capturar el corazón del original, pero no su esencia. Es un trabajo imperfecto e inofensivo, aunque eficiente y disfrutable.
Guion algo deslavazado. Brillantísimo trabajo de Andra Day, que está incluso por encima de la propia película. A pesar de sus defectos, este film tiene corazón y alma.
Modesta pero sumamente efectiva. Honesta como pocas y con una sorprendente dirección de los actores infantiles, logra conquistar al público de manera sutil, aplicando la mejor receta: menos es más.
Trueba convierte la sencillez en su mayor virtud, utilizando un elenco excepcional y una estructura circular en una narrativa que parece más un sueño que una experiencia vivida.
Entre tanto apunte, la puesta en escena resulta convencional y el guion ofrece escasos momentos sorpresivos, lo que obliga a la película a apoyarse en un Smith que, a pesar de sus limitaciones, aporta carisma.
Con la complicidad absoluta de un entregadísimo reparto y una puesta en escena llena de nervio, Meddour utiliza esos cuerpos liberados para dar voz a un grupo de mujeres rotas.
Un buen comienzo, pero Trevor Nunn no logra mantener el tono adecuado en el ritmo. La convencionalidad del conjunto frena las intenciones de una película que se esperaba más prometedora.
Sosísimo biopic sobre Bart Millard. La forma en que se aborda la historia carece de matices, lo que resulta vergonzoso. Se siente más como un panfleto evangelizante.
Liviano y gozoso experimento con sus adorables imperfecciones, este brillante sin pulir captura, a ritmo de rock, parte de la magia y del espíritu del corpus narrativo de Ghibli.
Decide funcionar con el piloto automático desde el primer minuto. Las canciones, en lugar de aportar, resultan molestas, y la introducción ambientada en el mundo real se siente demasiado extensa.
Con un toque de ingenuidad, Petit retrata con claridad las contradicciones de la sociedad francesa, manteniendo siempre esa sonrisa. Sin embargo, en su tramo final, esa sátira acaba convirtiéndose en un obstáculo.
Que sea excesiva tiene un pase: Besson siempre lo ha sido. Sin embargo, lo que no es aceptable es que esta mezcla de géneros, con un tono tan disperso, resulte aburrida y genere indiferencia.
Chabat presenta a un Santa que no tolera la lactosa, utilizando clichés para subvertir la idea de una 'película navideña'. Sin embargo, su intento resulta incompleto.