Hay que dar crédito a Philip Yordan y Ranald MacDougall por el guión y a Byron Haskin por dirigirla con un ritmo cauteloso y un estilo mordaz. También es de reconocer la actuación del Sr. Heston, quien muestra una intensa contención, y la del Srta. Parker, que interpreta a la dama con espíritu y dignidad.
Brilla con la escenografía arqueológica y resuena con el sentido de la desdicha humana. La historia se extiende durante dos horas y veinte minutos, aunque podría contarse de manera efectiva en poco más de una hora.
Desafortunadamente y sorprendentemente, la parte artística está por debajo de lo habitual. Sin embargo, presenta algunos aspectos positivos; las diferentes razas de perros que se satirizan desde una perspectiva humana resultan muy entretenidas.
Está bien si lo que buscas es una hora y media de nostalgia, expresiones de mal de amores y sentimentalismo pseudovienés. Si buscas sensibilidad y emoción razonable, ten cuidado con esta 'Letter' sobrescrita.
Es una de esas películas exóticas y escasas que puede ofrecer una sutil compensación a cualquiera que tenga la paciencia de sentarse con ella casi dos horas.
Un film interesante, irónico y paradójico, tremendamente divertido en algunas partes, sentimental en otras, a veces lento y dedicado a una idea inusualmente seria y sobria.
Su problema principal es que una idea que es buena para poco más que un fundido a negro, se estira en un largo agotador y, a pesar de su buen reparto y gran dirección, está mal y pretenciosamente interpretada.
Es interesante desde el punto de vista político. Como drama, resulta tedioso y excesivo. La trama es confusa de una manera irritante, y la forma de actuar suele ser pomposa, además de superar las dos horas de duración.
Todo es muy complejo y confuso. De hecho, es tan extrañamente confuso que John Patrick y Arthur Sheekman, que hicieron el guión, tienen que recurrir a un rodaje melodramático para llevarlo todo a un final tolerable.