La película de Hitchcock avanza de manera paulatina hasta culminar en un inesperado sobresalto que, aunque melodramático al estilo clásico, resulta efectivo. Las explicaciones que presenta parecen más bien una burla de un director que ha utilizado este recurso en sus obras anteriores. Como resultado, el desenlace se siente un tanto insípido.
Un guión tenso y sofisticado de Casey Robinson, acompañado de actuaciones profesionales, transforma esta película en una ficción entretenida y de calidad.
Con mucha humanidad y humor, esta película logra captar el interés del espectador de manera absorbente, además de poseer un poder emocional que perdura en el tiempo.
Vasta, asombrosa y hermosa, con tonos en constante cambio. Sin embargo, se siente agotadora y carente de humanidad. Le falta ese magnetismo personal y la tensión atrapante del misticismo y la poesía que esperábamos que prevalecieran.
Stevens ha hecho un trabajo soberbio plasmando en la pantalla el drama básico y la escalofriante autenticidad de la obra de Frances Goodrich-Albert Hackett.
Sus mejores características son los vívidos aspectos que presenta sobre la injusticia social y el desequilibrio en una tierra primitiva y desgobernada.
Tiene todo lo que una comedia sobresaliente debe tener —un guion ingenioso y romántico, el sabor de la elegancia de la alta sociedad y un reparto espléndido.
Estamos de acuerdo en que Mr. Presley no resulta muy convincente en su papel. Pero de alguna manera esta película consigue ser un entrenimiento moderadamente brillante. No es explosiva, pero tiene chispa.