La película de Hitchcock avanza de manera paulatina hasta culminar en un inesperado sobresalto que, aunque melodramático al estilo clásico, resulta efectivo. Las explicaciones que presenta parecen más bien una burla de un director que ha utilizado este recurso en sus obras anteriores. Como resultado, el desenlace se siente un tanto insípido.
Un guión tenso y sofisticado de Casey Robinson, acompañado de actuaciones profesionales, transforma esta película en una ficción entretenida y de calidad.
Aunque este espectáculo de compasión puede no ser del gusto de los que desconfían de la agitación social y la empatía fácil, hay que decir Richardson hace una presentación espléndida.
Ofrece una mirada penetrante a los corazones de los hombres sencillos y, gracias a mostrar que de la debilidad humana proviene cierta nobleza, es mucho más gratificante que una alabanza heroica.
Está escrita, producida y dirigida por el Sr. Johnson con una limpia claridad documental, e interpretada con superlativa flexibilidad y fuerza emocional por Joanne Woodward en el papel principal.
Con mucha humanidad y humor, esta película logra captar el interés del espectador de manera absorbente, además de poseer un poder emocional que perdura en el tiempo.
Las ilustraciones del país son de una belleza más allá de las palabras: la serenidad del río, el poder de las barcas contra la corriente, los bazares llenos de color y movimiento, y el brillo deslumbrante de las fiestas.