Moreau no sólo dirige en solitario esta vez, sino que además cambia de engranajes de una manera impresionante, con un brillante envoltorio y un entretenimiento esponjoso y a menudo divertido.
Una comedia romántica al estilo francés que, aunque puede ser predecible en sus giros amorosos, ofrece una perspectiva refrescante. Además, se destaca por su calidez, creando una experiencia envolvente.
Todo se desmorona tras un gran comienzo. El guion se vuelve lioso y caótico en la segunda mitad. Lo que queda, aparte de una fotografía elegante, es la actuación centrada y casi sin palabras de Boseman.
La serie inicia con un ritmo lento y poco atractivo. No obstante, al contar con dos temporadas ya planificadas, ofrece la posibilidad de evolucionar hacia una trama más rica y cautivadora.
Es una tarjeta de presentación fascinante para Geng, que muestra una maestría impresionante con los elementos formales del cine y un talento para transformar asuntos sociales complejos e ideas en escenas sobrias y aparentemente sinceras.
Con una duración de 149 minutos, la película presenta un tono invariablemente oscuro, pero sin duda repleto de un profundo mensaje moral, asemejándose a un sermón impartido por un cineasta de gran erudición.
Un asunto familiar convencional, con una mirada observadora e inteligente, que alterna entre lo personal y lo global, aunque omite varios aspectos importantes en el proceso.
El diálogo a menudo brilla con ingenio, toca lo autorreferencial y se siente poético, aunque también cae en la repetición. Surge la duda de si 'Hotel by the River' requería realmente la complejidad de contar a través de dos hilos narrativos.
Una actuación destacada intensifica esta adaptación vibrante y contemporánea. La habilidad que muestra Deraspe es tan convincente que logra mantener intacto el encanto del pragmatismo en la vida actual.