Siempre es desagradable usar lo sobrenatural como excusa para disfrutar del sadismo sexual, una práctica que se ha vuelto común y, sinceramente, es un elemento algo desgastado que permea toda la serie.
Ni tan absurda como 'Police Squad' ni tan graciosa como 'Barney Miller', 'Brooklyn' se queda en tierra de nadie dentro del género de la comedia, ofreciendo un tono irreverente, aparentemente diseñado para gustar y disgustar a la gente a partes iguales.
Mientras que los excesos y anacronismos de Guy Ritchie, incluyendo múltiples explosiones, se mantienen, en esta segunda entrega de Sherlock Holmes hay elementos que resultan considerablemente más satisfactorios.
Una película que es más de momentos –cómicos o estimulantes– que de formar un todo coherente. Incluso teniendo algunos tramos sosos, tiene mucha munición.
En este tipo de propuestas, siempre está el riesgo de parecer sermoneador y de asustar a los espectadores, o lo que es peor, ser exageradamente optimista. Attenborough encuentra un punto medio.
Su extraña mezcla de personajes genera una buena cantidad de gags, algunos acertados y otros fallidos. No obstante, hasta el momento logra provocar suficientes risas gracias a la agudeza de su guion y a su humor absurdo, por lo que merece la pena darle una oportunidad.
Sólo conjura esporádicamente la magia cinematográfica, y la mayoría de esos momentos tienen una deuda exagerada por enlazar directamente con la película anterior basada en la historia de Roald Dahl.
El reino de los sueños se describe como un 'mundo sin consecuencias', pero en su ejecución se percibe la falta de una brújula creativa clara, generando una experiencia más desconcertante que mágica.
No se molesta en intentar reinventar el trineo, pero lo baña con una nueva capa de pintura, de maneras mayoritariamente agradables y medianamente inteligentes.
Un entretenimiento grande y lujoso. Es bueno, pero no magnífico. Una inversión perfectamente razonable para toda la familia que vale la pena ver, aunque no sea necesariamente una compra imprescindible.
Una comedia alegre para familias con niños pequeños. Al margen de eso, sin embargo, la magia que poseía esta franquicia comienza a desaparecer con esta tercera entrega.