Entrañable y dulce, esta serie es ideal para disfrutar en familia durante el fin de semana. Es más ingeniosa y tiene un valor artístico y emocional que supera al de la mayoría del entretenimiento familiar disponible en las plataformas de streaming.
Afortunadamente, su reparto estelar la sostiene, pero también es otra de esas series de varios episodios que coge lo que podría haber sido una película brillante de 120 minutos y la extiende a una temporada.
Una serie ricamente elaborada que, en sus episodios finales, alcanza un momento inquietante. Sin embargo, la primera mitad tiende a hacerse un poco lenta.
El análisis de Flanagan acerca de la fe y la vida eterna evoca la experiencia de las misas a medianoche, ya que algunos de sus extensos monólogos pueden llegar a resultar cansados.
Corben logra un balance efectivo entre información y entretenimiento, aunque a veces el montaje tiende a exagerar al intentar reflejar el estilo de vida festivo de su protagonista.
2 episodios y ya cambiaría mis planes para ver ahora los seis siguientes si pudiera. Suficientemente aguda como para abrirse camino entre los corazones de los fans del terror que buscan una diversión para finales de verano.
La serie presenta debilidades tanto en su presentación como en el desarrollo de la trama. Su enfoque parece estar constantemente cambiando, lo que la hace desorganizada y confusa.
Es una serie de misterio que intenta captar la atención, pero resulta ser excesivamente larga y poco original. No logra enganchar como debería y deja mucho que desear.
Una de las docuseries criminales más densas que jamás se hayan hecho. No olvidaré esta historia y cualquiera que entregue 8 horas de su vida a ella, seguramente sentirá lo mismo.
Una serie de seis episodios con relatos entretenidos. Sin embargo, me preocupa que este enfoque perpetúe la noción de que el arte de los videojuegos no se valora adecuadamente.