Un fascinante crisol de colonialismo, caridad, indignación, clase, raza, privilegio e ingenuidad. Lo que realmente lo eleva a ser un tema de conversación es su negativa a ofrecer respuestas fáciles.
Entrañable y dulce, esta serie es ideal para disfrutar en familia durante el fin de semana. Es más ingeniosa y tiene un valor artístico y emocional que supera al de la mayoría del entretenimiento familiar disponible en las plataformas de streaming.
Afortunadamente, su reparto estelar la sostiene, pero también es otra de esas series de varios episodios que coge lo que podría haber sido una película brillante de 120 minutos y la extiende a una temporada.
Una serie ricamente elaborada que, en sus episodios finales, alcanza un momento inquietante. Sin embargo, la primera mitad tiende a hacerse un poco lenta.
Aquí falta algo del contexto del impacto de Moore, pero sigue siendo un admirable recordatorio de que incluso un poderoso matón no es rival para un padre en busca de justicia.
Toni Collette siempre cumple con su actuación, sin embargo, se encuentra inmersa en un guión que no se arriesga lo suficiente para generar verdaderos sustos de serie B. La estructura utilizada afecta negativamente al realismo de la historia.
Por desgracia, sus momentos de humor ocasionalmente inspirados están enterrados por un material 'amateur' que necesitaría otra reescritura o un editor.
El análisis de Flanagan acerca de la fe y la vida eterna evoca la experiencia de las misas a medianoche, ya que algunos de sus extensos monólogos pueden llegar a resultar cansados.
Corben logra un balance efectivo entre información y entretenimiento, aunque a veces el montaje tiende a exagerar al intentar reflejar el estilo de vida festivo de su protagonista.