Entre la telenovela intensa y el drama hábil y sutil, hay una sátira alocada sobre los valores de los 'baby boomers'. Gallagher, en particular, está sublime.
Ejiofor transmite un magnetismo sereno y una paz beatífica en sus interpretaciones, lo que puede resultar abrumador. Hay algo en su presencia que evoca una esencia mesiánica.
Fotografiada para parecer una mezcla entre una retrospectiva de Vermeer y un vídeo musical, es boba y errónea, aunque razonablemente entretenida gracias a su encantadora falta de autoconsciencia.
Una pena que la sátira no sea más aguda, porque es atrozmente divertida en explosiones puntuales, sobre todo gracias al James Woods más gozosamente depravado.