Stalker y su Zona son un referente ineludible, gracias a sus sugerencias visionarias y su rico simbolismo. Su impresionante poder visual perdura y sus preguntas siguen siendo relevantes en la actualidad.
El corte final presenta una duración de dos horas y media, ofreciendo, a través de un ritmo fluido y una edición cuidadosa, cuatro relatos morales sobre la lucha de distintos personajes contra los abusos del sistema judicial. Es un admirable ejemplo de determinación artística.
El documentalista Avi Belkin logra capturar la complejidad de su protagonista, un entrevistador que, al ser entrevistado, revela sus debilidades éticas y sus cualidades profesionales. A través de él, se anticipa la llegada de las posverdades en la sociedad contemporánea.
Garrone se aleja de la gran radiografía social, manteniendo sus desolados escenarios de barrios populares junto a la playa, y se enfoca en una narrativa casi íntima sobre un ciudadano común.
Lo notable de 'American Factory' es su renuencia a tomar partido en ese pintoresco duelo de conquistas culturales, y su apuesta por exponer la explotación laboral que lleva a cabo la empresa china en Estados Unidos.
El director de 'Baran' ofrece un thriller que va más allá de lo convencional. Los personajes infantiles, especialmente Alí, son profundamente complejos, y el entorno social que los rodea está meticulosamente desarrollado.
La película de Alonso Ruizpalacios fomenta un debate necesario en un contexto de gran inseguridad social, sin exagerar los heroísmos ni demonizar a los trabajadores mal remunerados. Su enfoque es sobrio pero demuestra una notable creatividad.
Aproximación correcta, aunque reiterativa, a un tema de violencia sexual y corrupción política que sigue sin tener en el relato de ficción su expresión más eficaz y digna.
El director y el guionista examinan de manera general, aunque sin sutileza, la caída moral del aprendiz que, embriagado por el poder, se entrega a un culto de la vanidad.
El aspecto más interesante del documental es, sin embargo, la premisa que da título a la cinta y que muestra un aparato democrático exhausto, casi vencido, al servicio de los intereses económicos en turno.
Un documental inteligentemente armado en el que los participantes afrontan riesgos muy graves en el propósito común de abrir espacio a la verdad y a la justicia en un largo relato oficial plagado de mentiras.
Es un delirio visual con un ritmo trepidante que impacta, destacando especialmente la magnífica actuación de Demi Moore, quien a sus sesenta años, brilla con su confianza y encanto único.
Se presenta como un musical lleno de videoclips y coreografías de estilo hollywoodense, combinando además una sorprendente propuesta operística. Sin embargo, estas dos ambiciones artísticas no logran encajar de manera efectiva.
Un Almodóvar más sobrio que en anteriores trabajos evita la frivolidad, enfocándose en el magistral intercambio entre dos actuaciones que se complementan de manera excepcional.