Esta obra no se adentra en una visión retorcida del amor como lo haría Chabrol, ni se plantea como un juicio severo sobre la vida en la provincia francesa. En cambio, se asemeja más a las profundas y sutiles exploraciones de Olivier Assayas.
Lo interesante de la película es que no se convierte en una historia de venganza, sino que muestra de forma gradual una personalidad seductora e independiente, en la que la sexualidad femenina se presenta como una expresión de sensualidad.
Scorsese logra estructurar con maestría el aparente caos de las evocaciones biográficas y los comentarios incisivos de su interlocutora. La edición dinámica revive imágenes de archivo que muestran el antiguo Nueva York de los inmigrantes y la transformación constante del espacio urbano contemporáneo.
El documental de Priscilla y Goifman resulta inquietante debido a su firme oposición a la hegemonía machista que defienden figuras como Jair Bolsonaro y otros líderes similares en el continente, quienes lo hacen con terquedad e histeria.
Sin ser una película abiertamente feminista, el retrato de una mujer autónoma que se presenta es profundamente conmovedor, sin necesidad de caer en el dramatismo ni en el uso de recursos emocionales manipulativos.
La película habría sido más atractiva si se hubiera enfocado menos en el drama de una reconciliación familiar poco creíble tras un accidente automovilístico y más en la creación de atmósferas simuladas.
Este enfoque humanista de Hamaguchi, enfocado en la evocación poética en lugar de una representación realista, ofrece sorpresas inesperadas. Descifrar estas sorpresas se convierte en un desafío, y compartirlas permite disfrutar de un placer singular.
Un relato sobrio e implacable, sin resquicios ni paciencia para la autoconmiseración o la buena conciencia. Además de ser formalmente un trabajo magistral, se trata, en nuestros días, de una cinta indispensable.
Esta película icónica de la posnueva ola francesa captura el alma libertaria del movimiento estudiantil de mayo de 1968, al mismo tiempo que se presenta como una observación desilusionada de su fracaso.
Es impresionante cómo Audiard logra demostrar su habilidad como autor y narrador al sobrepasar la rigidez de sus tramas y personajes, ofreciendo una experiencia cinematográfica rica y compleja.
El realizador griego no explora con la profundidad que podría un enfoque narrativo más perturbador. Es sorprendente que no haya abordado con mayor intensidad dramática e ironía un tema que ofrece tanto potencial.