En 'Undine', el director explora al máximo su visión fantástica, tejiendo una serie de coincidencias y eventos sorprendentes que culminan en un triunfo romántico, dejando atrás la fatalidad y el escepticismo.
Detrás de su apariencia inicial como una comedia convencional, revela una profunda reflexión sobre la vanidad de las pasiones humanas y las sutiles estrategias que utilizamos para mantenerlas siempre en llamas.
Es una gran sorpresa en el cine mexicano actual. Su originalidad no reside en su propuesta temática, sino en el estilo y tono en que el realizador ha elegido contar la pequeña anécdota.
David Zonana va más allá de solo señalar las desigualdades sociales; su propuesta también aborda el peligro que enfrentan muchas revoluciones al transformarse en una copia del sistema que buscaban derrocar.
Propone una exploración emotiva de uno de los temas sociales de mayor relevancia en nuestros días: el derecho a una muerte digna. Bille August aborda esta cuestión de una manera comprometida y honesta.
Con un lirismo contenido, se nos presenta el vínculo duradero entre el director veterano y su antigua musa juvenil. Es un emotivo relevo generacional que también refleja un poco el inusual momento de madurez que ambos comparten.
Lo notable en el relato es la relación compleja, llena de recelos y empatía mutua, que se establece entre madre e hijo, unidos por la vulnerabilidad compartida y por un ánimo común de resistencia.
A pesar de la complejidad moral que rodea este delicado asunto, el enfoque principal resalta una sociedad patriarcal que carece de tolerancia hacia lo que no se ajusta a sus normas.
La película es muy efectiva en su enfoque dramático. Sin embargo, el añadido de secuencias coreográficas y diálogos excesivos sobre cuerpos inmersos en una intensa actividad erótica resulta innecesario y distrayente, ya que no guarda relación con la trama principal.
Este elogio que hace el director octogenario, lejos de ser un mea culpa tardío, representa la lúcida aceptación de las irremediables complejidades y contradicciones morales en todo ser humano. Una realización notable.
El desempeño actoral, la elegancia de la dirección y los diálogos ingeniosos elevan esta comedia a un nivel artístico que juega entre el estilo de Eric Rohmer y el de Woody Allen.
Trepidante y dinámico, la película inicia sumergiéndose en el mundo de la farsa y el gran guiñol del español Alex de la Iglesia. Sin embargo, pronto vuelve a adoptar una ligereza propia de las tiras cómicas juveniles, manejando con astucia los elementos grotescos.
Los realizadores logran que la actriz polaca Michalina Olszanska ofrezca una interpretación precisa, evitando los clichés melodramáticos que suelen acompañar a las villanas, así como la idealización romántica que podría hacer más atractiva su representación de antiheroína oscura y rebelde.