David Zonana va más allá de solo señalar las desigualdades sociales; su propuesta también aborda el peligro que enfrentan muchas revoluciones al transformarse en una copia del sistema que buscaban derrocar.
Propone una exploración emotiva de uno de los temas sociales de mayor relevancia en nuestros días: el derecho a una muerte digna. Bille August aborda esta cuestión de una manera comprometida y honesta.
Con un lirismo contenido, se nos presenta el vínculo duradero entre el director veterano y su antigua musa juvenil. Es un emotivo relevo generacional que también refleja un poco el inusual momento de madurez que ambos comparten.
Lo notable en el relato es la relación compleja, llena de recelos y empatía mutua, que se establece entre madre e hijo, unidos por la vulnerabilidad compartida y por un ánimo común de resistencia.
A pesar de la complejidad moral que rodea este delicado asunto, el enfoque principal resalta una sociedad patriarcal que carece de tolerancia hacia lo que no se ajusta a sus normas.
Las estrellas femeninas sobresalen en la película, mientras que los personajes masculinos quedan marginados. De igual manera, Hirokazu Koreeda no logra igualar el nivel de sus impresionantes protagonistas.
La película es muy efectiva en su enfoque dramático. Sin embargo, el añadido de secuencias coreográficas y diálogos excesivos sobre cuerpos inmersos en una intensa actividad erótica resulta innecesario y distrayente, ya que no guarda relación con la trama principal.
Este elogio que hace el director octogenario, lejos de ser un mea culpa tardío, representa la lúcida aceptación de las irremediables complejidades y contradicciones morales en todo ser humano. Una realización notable.
El desempeño actoral, la elegancia de la dirección y los diálogos ingeniosos elevan esta comedia a un nivel artístico que juega entre el estilo de Eric Rohmer y el de Woody Allen.
Trepidante y dinámico, la película inicia sumergiéndose en el mundo de la farsa y el gran guiñol del español Alex de la Iglesia. Sin embargo, pronto vuelve a adoptar una ligereza propia de las tiras cómicas juveniles, manejando con astucia los elementos grotescos.
Los realizadores logran que la actriz polaca Michalina Olszanska ofrezca una interpretación precisa, evitando los clichés melodramáticos que suelen acompañar a las villanas, así como la idealización romántica que podría hacer más atractiva su representación de antiheroína oscura y rebelde.
Denis Côté, también guionista, parece proponer que este relato, lleno de vacíos narrativos y eventos inexplicados, refleja la continuidad de una relación amorosa que experimenta tanto la restricción del encierro carcelario como la libertad amplia en el campo.
La estrategia narrativa de los documentalistas es notable. En lugar de enfocarse en las víctimas, deciden adentrarse en una época reciente, dando protagonismo a las voces de ciertos carabineros que participaron en las ejecuciones.