Esa ambigüedad moral que maneja la cinta desarticula por completo las nociones más socorridas sobre la relación de una persona enferma con un medio social potencialmente hostil.
Suzanne Lindon posee no solo el carisma necesario para cautivar festivales y audiencias, sino también un notable talento para observar los conflictos morales y los inicios de las relaciones sentimentales en una etapa de transición hacia la madurez.
La cinta habría ganado mucho desplegando un fresco social más amplio sin detenerse demasiado en las peripecias genéricas de una comedia juvenil. Pero ese es un reparo mínimo y subjetivo que poco afecta a un relato fascinante.
Al documental lo enriquecen una sucesión de viejos videos caseros y nuevas filmaciones en HD y iPhone que ilustran el tránsito de aquella adolescencia atribulada a una primera madurez que descubre ahora el inesperado activismo del orgullo.
A pesar de que Saviano es uno de los guionistas de la película, su enfoque narrativo se siente muy vinculado a fórmulas convencionales. No obstante, esto permite una gestión precisa del ritmo en los conflictos entre las bandas.
El recorrido es largo, salpicado con una selección musical formidable y momentos de gran lirismo en la fotografía de Robbie Ryan. Sin embargo, lo esencial del relato es captar la inocencia de la joven Star.
La metáfora es clara y eficaz. 'Mustang' exhibe las contradicciones de una sociedad patriarcal turca. La realizadora evoca esa crisis cultural y sus jóvenes protagonistas la encarnan estupendamente.
El director logra un excelente balance entre lirismo y violencia al retratar el mundo indígena, utilizando como base una fábula social de gran simplicidad.
La factura artística de Mis mejores días recuerda el estilo del cine de la Nueva Ola francesa, desde Jean Eustache hasta el melancólico François Truffaut. Desplechin se revela como un cronista cada vez más agudo de su propia generación desencantada.
La fluidez de su estilo y la variedad de sus propuestas y registros dramáticos hacen de este importante director un fenómeno mediático. Puede resultar irritante para algunos, pero para muchos más es estimulante; de cualquier manera, se ha consolidado como un artista ineludible.
Daniel Ribeiro, director y autor del guión, evita las trampas más habituales del género, evitando tanto el exceso melodramático como la sensiblería superficial.
La radiografía de este oscurantismo religioso es más devastadora por esa honestidad moral que visiblemente la distingue y por una elegancia artística que la eleva por encima de la siempre ineficaz denuncia panfletaria.