Última, extraña y atractiva criatura de Jason Reitman. Me gusta moderadamente Tully, pero lo que de verdad me enamora, como siempre, es la presencia de Charlize Theron.
Un encanto y una gracia notables. El tiempo se te hace muy corto y abandonas la sala con una agradecida sonrisa. Los presuntos marcianos de Kaurismäki están llenos de vida.
Hilarante y tierna, transmite una sensación de autenticidad, ironía y humanidad. Además, cuenta con un ojo y un oído excepcionales para captar la imagen, las emociones y los sonidos de la vida cotidiana.
Una película irregular, pero turbadora. Es una rareza que posee un extraño encanto, con un tono más sombrío que humorístico y un lirismo inusual que alterna entre momentos de intensidad y calma.
Simpática, inteligente y alejada de las convenciones. Sin embargo, tengo la impresión de que ya la he visto anteriormente. La habían promocionado como una obra maestra, pero no lo es. Aun así, vale la pena.
Material tan dramático y lúgubre adquiere una fluidez, una complejidad y una gracia notables en manos de un director que sabe alternar las luces y las sombras, explotar el lado cómico de situaciones trágicas. Interpretación comparable a la que logró en la preciosa comedia "Mejor imposible"; te hace reír, te emociona, te enamora.
Tengo la sensación de que el creador es tan farsante como sus personajes. Las situaciones se alargan intolerablemente, los chistes son tan rebuscados como poco eficaces, nula mi complicidad con el sentido del humor de Ruben Ostlund.
La historia es magistralmente presentada por un director con una personalidad arrolladora. Los diálogos son excepcionales. A pesar de que la han etiquetado de manera condescendiente como una película pequeña, yo la considero una obra grande. Me deja profundamente impactado.
Todo parece copiado. El cóctel preparado por el director, que mezcla sus influencias, resulta tan evidente como innecesario. Incluso para rendir homenaje es necesario contar con talento.