Y no te crees nada, aunque el envoltorio del vacío intente ser solemne y de diseño. Y los intérpretes están inanes o lamentables. La única sensación que permanece de principio a fin es la del tedio.
Un encanto y una gracia notables. El tiempo se te hace muy corto y abandonas la sala con una agradecida sonrisa. Los presuntos marcianos de Kaurismäki están llenos de vida.
Una comicidad en estado de gracia. Allen, con un desbordante sentido de la lógica, presenta lo mejor de sí mismo. Es puro ingenio; imagina lo que a otros no se les ocurre y ofrece una forma tan compleja como valiosa de observar la vida.
Simpática, inteligente y alejada de las convenciones. Sin embargo, tengo la impresión de que ya la he visto anteriormente. La habían promocionado como una obra maestra, pero no lo es. Aun así, vale la pena.
Lanthimos y su obligación de ser el más retorcido y posmoderno convierte progresivamente la historia en una repetición de momentos sin la menor gracia, en un planificado y aburrido disparate.
Todo parece copiado. El cóctel preparado por el director, que mezcla sus influencias, resulta tan evidente como innecesario. Incluso para rendir homenaje es necesario contar con talento.
La película presenta una violencia tan extrema que llega a ser absurda. Se repite un menú de personajes exagerados y situaciones sin sentido, además de una sobreabundancia de disparos.
Wilbur se quiere suicidar es una película que combina dureza, humor y ternura. Sin embargo, me estremece pensar en cómo habría sido tener un hermano como Wilbur.
Algunos disfrutarán enormemente del violento y vertiginoso universo, mientras que otros se sentirán abrumados por un esquema predecible que revela la falta de esfuerzo creativo por parte de los guionistas.
Su encomiable lección de historia me resulta bastante tediosa, me desintereso de los dramáticos recuerdos de esos hombres y mujeres que hablan en planos fijos que no se acaban nunca.
Cuenta con realismo y veracidad alarmantes la imposibilidad de escapar de ese imperio maléfico, de víctimas y verdugos intercambiables, del control que ejerce la Camorra en todos los aspectos de la existencia.
Otro ejemplo del espeso cine iraní que se ha puesto de moda, el estilo es tan plano que no siento empatía por el sufrimiento y el amenazador destino de tantas víctimas inocentes. Logra que me cierre los ojos.
Los hermanos Dardenne ofrecen una obra plana y monótona con 'La chica desconocida'. La experiencia de verla es tan desalentadora que resulta similar a contemplar la lluvia caer.
El cine de Farhadi siempre capta mi atención. 'Un héroe' no es la excepción, logra conmoverme y hacerme reflexionar sobre las emociones de los personajes.