He pasado un buen rato y me reí bastante en varias ocasiones. Siento que realmente he disfrutado al seguir las diversas situaciones y conflictos de esta familia tan única.
Me siento decepcionado al darme cuenta de que esta vez la historia de Farhadi no logra conectar conmigo. Su carga trágica resulta abrumadora y se siente excesivamente extendida, lo que impide que surja cualquier tipo de emoción.
No me siento conmovido por el sentimiento de muerte de gente que no me inspira ninguna simpatía. Pero no logro sacar de mi cabeza a esa silenciosa cría. Mérito del inquietante y despiadado Haneke.
Penetrante retrato de la sensibilidad infantil y la interpretación abarrotada de naturalidad, matices y veracidad de los niños. Sin embargo, el ritmo es demasiado moroso y el desenlace está innecesariamente alargado.