Intensa historia de triángulo amoroso que muestra el sexo y las urgencias del deseo con una autenticidad que envuelve. Todo lo que percibimos, tanto visual como auditivamente, transmite una profunda sensación de realidad.
He pasado un buen rato y me reí bastante en varias ocasiones. Siento que realmente he disfrutado al seguir las diversas situaciones y conflictos de esta familia tan única.
Inquietante película que no busca manipular al espectador, brindando amplios márgenes para la imaginación. Joan Botey ofrece una interpretación de uno de los villanos más fríos, salvajes y despiadados que he visto en la pantalla.
Con el invariable estilo de la casa, presenta una estética alocada y un barroquismo excesivo, dando lugar a un flujo verbal abrumador y a una notable confusión mental.
Es difícil hallar cualquier atractivo en esta confusa y retorcida película. Tampoco genera ninguna excitación con lo que propone. Solo logra transmitir una sensación de aburrimiento.
Es notable por ser la primera película de esta nacionalidad que presenta una relación homosexual de forma tan audaz. Sin embargo, la excesiva cantidad de escenas sexuales se ve acompañada de pretensiones líricas y sociales que a menudo caen en lo ridículo.
Nada parece nuevo o impactante en esta trama llena de ruido. Habrá quienes consideren que 'El agente invisible' es el máximo exponente del entretenimiento, pero para mí, no lo es.
La más sorprendente, insólita y divertida mujer que he visto en pantalla, mi heroína eterna, es Julia Salmerón, retratada por su hijo. Su talento es de primera clase.
Me siento decepcionado al darme cuenta de que esta vez la historia de Farhadi no logra conectar conmigo. Su carga trágica resulta abrumadora y se siente excesivamente extendida, lo que impide que surja cualquier tipo de emoción.
No me siento conmovido por el sentimiento de muerte de gente que no me inspira ninguna simpatía. Pero no logro sacar de mi cabeza a esa silenciosa cría. Mérito del inquietante y despiadado Haneke.
Las expectativas de que vas a ver algo grande se acaban a los 10 minutos. A partir de ahí comienza una cadena de despropósitos, diálogos enfáticos, situaciones huecas, personajes que se convierten en involuntaria parodia.
Penetrante retrato de la sensibilidad infantil y la interpretación abarrotada de naturalidad, matices y veracidad de los niños. Sin embargo, el ritmo es demasiado moroso y el desenlace está innecesariamente alargado.