Fresca, divertida y entrañable road movie. Una película con un corazón tan grande como el Everest. Resulta irreprochable en la calidad de su animación digital.
Refrescante versión del cómic francés, en su décima película animada, que ganará el gusto de niños y adultos por igual. Y que presentará a los joviales personajes a nuevas audiencias.
Más que su acotado ejercicio en animación digital, esta road movie se distingue por sus emotivos apuntes en torno al sentido de pertenencia y a la familia.
Una película animada que carece de elementos destacables y que presenta una premisa que ha sido abordada de manera mucho más efectiva en otras producciones.
Son muchos los aspectos que destacan. Antes que todo, la belleza de su impecable animación en stop motion. Pero sobre todo el ritmo y continuidad con que fluye la trama.
Quizás estemos ante el nacimiento de un nuevo clásico para la temporada navideña. Pero por lo pronto, estamos ante una magnífica oportunidad de disfrutar un ingenioso relato.
Aventura, humor y parodias pululan en el cuarto largometraje de huevitos, para entretener a niños, jóvenes -y sobre todo papás- que no le tengan miedo al ocasional doble sentido.
En términos de producción, la animación es impecable en su manufactura, con vibrante colorido y bien definidas texturas. Sin embargo, el enfoque carece de inspiración y no logra una verdadera conexión emocional con el espectador.