Con un estilo de péplum de lujo y una estética kitsch que roza lo ridículo, la película parece estar siempre al borde del mal gusto. Su fracaso se acerca al absurdo, pero termina siendo simplemente suicida.
Una obra con una singular formalización visual y un sentido del humor difícil de captar se presenta con una personalidad única, sorprendiendo a aquellos que buscan un procedimiento convencional o un thriller local sin ambiciones adicionales.
Desde el inicio, la película parece atrapada en un terreno incierto, careciendo de sólidos fundamentos. Kurosawa presenta un filme que se siente rígido y que nunca logra definir su estilo, avanzando desorientado a lo largo de la proyección.
Es un rompecabezas fragmentario y esquivo, quizás la obra menos dominada entre las últimas suyas, pero también por eso, más abierta y de mayor implicación personal. Habrá que volver a ella con mucho mayor detenimiento.
Naufraga de manera estrepitosa debido a la torpeza de su narrativa, un estilo desgarbado, la superficialidad de su planificación, y la ausencia de dirección clara. Sus incoherencias y falta de substancia contribuyen a que sea, sin duda, una mala película.
No es una gran película, pero sí un film honesto que consigue adentrarse de manera tan incisiva como divertida en la trastienda más dolorosa del desamor cuando este se sufre desde la experiencia de la masculinidad herida.
Un autoexorcismo que combina momentos de humor y conmoción, alternando entre la ingenuidad y lo extraño. Es una película peculiar que podría convertirse en un clásico de culto.
Película de aspecto simple que logra ofrecer un análisis profundo sobre cómo los personajes de la ficción pueden influir y transformar nuestras emociones en la vida cotidiana.
Una película que, aunque no resulta particularmente amena, se siente sumamente sincera y coherente. La visión humanista, compasiva y solidaria del director brilla a través de su obra.
Una de las obras más sinceras del festival de Cannes 2022, que presenta una dualidad de oscuridad y luz. Su narrativa es desigual y desequilibrada, reflejando la complejidad de la vida, pero al mismo tiempo es generosa y profundamente conmovedora.
Una de las propuestas fílmicas más estimulantes y coherentes vistas en el festival San Sebastián 2018, logra representar el dolor trágico de lo inexplicable con un equilibrio admirable entre su forma y su contenido.
Una obra sólida y sincera que presenta una visión clara y directa, aunque carece de aspectos cinematográficos destacados y no aporta novedades significativas.
Una película superficial y estridente, con diálogos histéricos y un montaje compulsivo. Su narrativa resulta espasmódica y el conflicto dramático se siente ingenuamente predecible. Es un filme que se puede dejar atrás sin pena.
Sus imágenes son un festín visual y estético, pero su discurso feminista, aunque legítimo, avanza torpemente, lo que le quita fuerza a la narrativa. Es una verdadera lástima que una obra tan visualmente impactante no logre expresar de manera efectiva su mensaje.