Sincera, brillantemente interpretada y honesta. La inteligencia de su guion no impide una sensación de repetición en su narrativa. La película es un gran encuentro con la intimidad familiar del necesario duelo, que el cineasta cierra con gran lucidez.
Potentísima ópera prima. Quizá la mejor valoración que una película puede obtener es que, según acaben los títulos créditos, el espectador desee volver a verla. ‘Las vacaciones de Hilda’ produce ese mágico efecto.
María Elorza nos lleva en un hermoso y onírico viaje junto a mujeres fascinantes, recorriendo capítulos llenos de color y cine. Es una ópera prima que combina sabor y literatura, evocando la dulzura de una magdalena de Proust.