Pase lo que pase, todo sirve para provocar risas fáciles en XXL. La película muestra una simplificación excesiva de ciertos comportamientos que no representan a nadie.
Entre largos silencios y cuidadosos encuadres, el tono frío de la película contrasta con la calidez que Drzymalska aporta a su entorno. Ella define los límites de lo que es humanamente soportable y logra gestionar la narrativa de la película con gran habilidad.
Una ficción muy bien documentada que ofrece una mirada cruda y sin concesiones. El filme se centra en lo esencial y presenta la denuncia más honesta del cine español reciente.
Visión comprometida y excesivamente bienintencionada que explora el aliento humano desde diferentes perspectivas, enfocando la cámara en el dolor y tratando de ofrecernos un rayo de esperanza.
Película hablada y pausada, con un ritmo original que se sostiene a través de conversaciones bien escritas y ajustadas. La acción se desarrolla en cada diálogo, mientras que la pausa y la actuación generan una sensación de paz que resulta extraña pero a la vez adictiva.
Los vínculos inquebrantables y dolorosos de tres amigos que se quieren, pero no saben expresar su sentimiento, son lo mejor de este filme estéticamente hermoso, aunque carece de concesiones en su profundidad.
El alzhéimer se presenta en 'A Hundred Flowers' con una notable sensibilidad. La película se desplaza entre el sueño y la realidad de manera fluida, mostrando el talento del director debutante Kawamura.
Quizá porque no busca ser un filme de ballet, pero prefiere bailarinas a actrices, el filme pierde altura y se autolimita a plasmar una amistad trágica sin carga sensual, muy bien ensayada, poco vivida.
Además de ese agradable discurrir de filme de Hollywood que promete más de lo que da, se eleva por encima de la media. Un duelo de otra época para una producción muy de su tiempo.
La película se queda a medias en muchos aspectos. Ya no es la obra de un enfant terrible, lo cual no es necesariamente negativo, pero tampoco refleja la madurez creativa de un cineasta consolidado. Dolan parece tomarse un respiro, y como resultado, su film se siente más cómodo y menos arriesgado.
Pequeña bicoca cinéfila, historia mínima rodada como homenaje para el recuerdo de estos dos genios. Es un susurro a la amistad y a la comedia, tan sencillo como nostálgico, con el toque preciso de sal.
Fiel a su estilo adusto y su enfoque en el humanismo social, Loach regresó al cine, enfrentándose a un estado kafkiano y logrando así la Palma de Oro, a la edad de 80 años.
Lo que comienza como una entretenida dosis para los aficionados de Coogan, con dos actores que constantemente se ríen de sí mismos, termina llevando el posthumor a una gloriosa y profunda vena depresiva.
Pequeño filme de personajes, apuntalado por cuatro generaciones de actores de mirada franca que logra conectar no solo con los eternos universitarios, sino también con aquellos que buscamos en los libros lo que no podemos encontrar en la vida real.