Borrachera psicotrópica de colores en relieve y números musicales minuciosamente coreografiados, un alegre y enredado divertimento para todos los públicos.
Con un ligero aire a la recordada 'Buscando a Nemo', la película destaca por sus impresionantes y variados números musicales. Sin embargo, su excesiva carga de música y color puede llegar a desdibujar la trama, haciendo que al final resulte difícil recordar la historia que intenta contar.
Tiene un simpático arranque. Sin embargo, la historia es poco convincente, sirviendo únicamente como un mero pretexto para llenar la pantalla de efectos especiales.
Nada nuevo bajo la tierra, un padre desnaturalizado y su hijo deben luchar arduamente para sobrevivir. El espectador, por su parte, debe enfrentarse a la monotonía.
Rebosante de efectos especiales no siempre bien resueltos y con claras influencias de 'Matrix', la historia resulta, al final, simplona y poco original.
Recuerda poco al clásico inmortal de duelos, amoríos, rencillas y profundas animadversiones y más a un apabullante videojuego de penúltima generación que hará las delicias de los adolescentes.
No piensen en Pixar ni otros monstruos de la animación: esta sencilla comedia familiar sólo persigue que los niños la sigan atentos y que los adultos sientan una alegre añoranza.
Un producto algo insípido y superficial, que resulta tan dirigido al público infantil que es probable que los padres se desconecten de la narrativa rápidamente.
Han conseguido levantar el vuelo de la saga, al límite de la extrema unción por culpa de la tercera entrega. La historia, tan disparatada como las anteriores, vuelve a tener sentido.
Desajustes de guión, el atolondramiento del director y una evidente tendencia al exceso desmedido confirman lo complejo que resulta siempre emular lo ya emulado. Aunque el original ya fuera un estupendo disparate.
Los rasgos de los personajes se apartan del típico estilo Disney, con influencias que incluso recuerdan al Manga. Desde el punto de vista técnico, es impecable y presenta una historia bien estructurada y con un ritmo adecuado.
Sobresaliente, titánica. Lo mejor: su espléndida dirección, así como el optimismo y la nostalgia que envuelven al filme. Lo peor: que algunos se asusten con su duración; de verdad, merece cada minuto.
Bienintencionada cinta. Hay referencias a «Glee», momentos sensibles y varios instantes divertidos, tiernos y algo cursis. Sin embargo, destaca por sus desmedidas ganas de agradar al público.
Una cinta con abundantes dosis de humor que irradia genuina camaradería. Nada suena artificial ni desentona en una historia, que por otro lado, está repleta de acción y movimiento.
Una opera prima tierna e inocente, un musical teñido de comedia, un brindis por los perdedores que, en el fondo, quiza no lo sean. Hay defectos, pero también algo muy importante que solo nace del corazón.